domingo, 16 de mayo de 2010

La historiografía del Porfiriato

Qué tal!! Yo soy Fernando Juárez Rodríguez.
Soy de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, del colegio de Historia.
Me incorporo a la investigación de nuevos cuadros teóricos en la historia, ya que es necesario comenzar a simentar una teoría que sea de México aplicada a nuestra condición social.
Les comparto está investigación que hice sobre la historiografía en el porfiriato y espero sus críticas.
Mi correo es: fer.juarez86@gmail.com
A la llegada del siglo en el que la investigación científica comienza a tener un mayor auge en la explicación con el devenir humano, inicia el asenso de las ciencias en todo el campo de las investigaciones, y por supuesto, la historia no se queda atrás. En nuestro caso mexicano, la ciencia aún debate con su enemiga, que ella misma autonombra, la iglesia. Pero estás discusiones atienden no sólo al debate sobre la explicación del origen de las cosas y el devenir humano-social; sino también por quienes tomarán las “riendas” de la política del país. Dos concepciones: una providencialista y otra científica o como al inicia de esta pugna es liberal. El mantener el orden y las prácticas del antiguo régimen atienden por mantener la tradición de los órdenes sociales y la administración por parte de la iglesia en la política, sin embargo se ha logrado una independencia de la corona española, pero aún persiste la idea de una monarquía propia. Con el segundo intento de querer traer una corona europea a México y que su derrota fue inevitable por circunstancias alternas, pero que también correspondían a los asuntos de esta supuesta corona, el triunfo de los liberalistas es inevitable.
De esta forma, se funda la Reforma y esta oleada de liberalistas comienza a tomar el poder en el país; sin embargo, existe un descontento entre estos grupos y comienza a crearse una contraposición el gobierno juarista y se instala en el poder-tras la muerte de Juárez-el gobierno de Porfirio Díaz. Trayendo así la praxis de los ideales liberales, desde luego se comienza a crear un nuevo orden en la ciudadanía y por supuesto una nueva idea de nación. Y la mejor forma para comenzar a cooptar a un país tan dividido, y pasar de un sentimiento regional a uno nacional, será la formación de esta insipiente identidad nacional con la enseñanza de la historia.
De esta manera, en el presente trabajo se abordará el tema de la historiografía del Porfiriato. El cómo se enseña esta historia unificadora y moralizante, que tiene su fundamentación teórica a partir de las tesis del positivismo. Filosofía, que comienza a estar en boga en Europa-como es de esperarse- y cómo llega a nuestro país con aquellos jóvenes estudiantes que emigran al viejo mundo para traer estas nuevas ideas e implementarlas en la disciplina histórica, de tal forma que junto con el darwinismo se le da un sentido evolutivo a la historia del hombre, en el cual encaja de forma idónea para los propósitos de la conformación de esta identidad nacional, clamándola de héroes y villanos que luchan a por el bien de su patria y la liberación de la misma de las manos usurpadoras que creen tomar el curso de este país. Es así como la historiografía del Porfiriato adopta al positivismo como teoría oficial para hacer una nueva historia-patria que sea científica, generalizadora, educadora y oficial. Esta historia será llamada en la segunda mitad del siglo XX, como la historia de bronce, denominada así por el historiador michoacano Luis González.


Hablar de la historiografía del Porfiriato, es hablar de aquellos hombres intelectuales, cuya formación no era propiamente en el oficio de historiar, sino que eran abogados, médicos, literatos y en el caso de Justo Sierra que al parecer era de los pocos que si pertenecían a la formación histórica[1]. De esta manera comenzaremos a hablar sobre el como llega el positivismo a México, que cuya ideología adoptada era el liberalismo que en los siguientes años causará revuelta entre estas dos concepciones, pero de esto nos encargaremos líneas mas adelante.
Alumno directo de August Comte, Gabino Barreda, nació en la ciudad de Puebla el 19 de 1818 y murió el 10 de marzo 1881. Hizo la carrera de abogado y después la de medicina. En 1847 lucha contra la intervención norteamericana; meses mas tarde marcha a Francia y no regresa hasta 1851. En París, se encuentra con Pedro Contreras Elizalde que le pone en relaciones con August Comte, el cual había iniciado el 11 de marzo de 1849 el “Curso de filosofía sobre la historia general de la humanidad”. En 1851, una vez que obtiene el diploma de doctor de la escuela de medicina, regresa Barreda a México. De 1863 a 1867, años en que los liberales mexicanos luchan contra la intervención de Napoleón III, Barreda fija su domicilio en la ciudad de Guanajuato donde ejerce la medicina al mismo tiempo que medita sobre la filosofía de Comte. El 2 de diciembre de 1867 se publica la ley que orientaba y reglamentaba la instrucción en México, desde la primaria hasta la profesional, incluyendo la preparatoria. Estas reglamentaciones traían con sí la filosofía positivista.[2]
El positivismo mexicano, así como el comtismo tiene su explicación en cuanto a la ideología de un determinado grupo social, en la misma forma el positivismo mexicano, fue a su vez expresión de un determinado grupo social,[3]este grupo social tiene su origen en las clases altas, las que tenían el lujo de poder ir a estudiar al extranjero y su papel en la política nacional tenía gran peso ante las decisiones que se tomaban para el país. Desde luego que esta educación era trasmitida para este grupo social y no para el pueblo en general, ya que aunque se quería hacer que esta filosofía fuera destinada para el hombre, habría que crear primero al “nuevo hombre” y después poder transmitir estas nuevas ideas que ayudarían a encontrar el nuevo curso a esta nación en construcción. Justo Sierra, habla de una burguesía. A este grupo social asigna Sierra el triunfo de la Reforma constitucional, ya que en la guerra entre liberales y conservadores, cuyos victoriosos fueron los primeros y que Sierra los asigna como burguesía. Esta clase social alcanzaría su máximo desarrollo con el Porfiriato.
Los positivistas mexicanos identificaron, al igual que Comte en Europa, los intereses de la clase que representan los intereses de la nación mexicana. El positivismo, se interpreta en México en términos no abstractos; sino concretos, casi en términos de política militante, ante estos intereses se vieron los conceptos de Comte, el progreso, en el caso de la historia de México, estaba representado por tres etapas: el estado teológico, el metafísico y el positivo. El estado teológico: en este estadio es cuando el devenir humano esta bajo una visión providencialista, en donde el dominio social y político estaba en manos del clero y de la iglesia. En términos de la historia de México se ejemplifica con el pasado colonial, en donde el orden estaba regido con una ley divina y que aunque a pesar de que existía una división entre gobierno y clero, el clero fungía como segunda opinión-en algunos casos primera-, sin embargo buena parte de los asuntos sociales pertenecían a la iglesia; nacimientos, defunciones, matrimonios, etc.
El segundo estado del pasado humano estaba en el nivel metafísico, identificado como la época de las grandes revueltas, lucha entre los liberales y los conservadores. A pesar de que el orden divino ya esta casi suprimido, aún existían este grupo de hombres que buscaban la restauración del antiguo régimen y sus practicas retrogradas, en donde el carácter del hombre depende de un hombre cuyo poder se ve justificado por un decreto divino. Pero existe esta contraposición, en donde el hombre debe regirse por leyes sociales y no por las divinas, en donde el hombre es libre para comerciar entre sí y no hay un impedimento metafísico que le prohíba interactuar de manera comercial con sus semejantes. La culminación de este estado, en el caso mexicano, se da con el triunfo de al Reforma, pero aún no está instaurado un Estado de bienestar.
El tercer y último estado es el positivo. Se trata de una nueva era, en la cual el orden positivo venía a sustituir al orden teológico y al desarrollo metafísico. En donde el orden y el progreso es la bandera de este estado y se persigue un estado en el cual ya no se necesita la búsqueda de otro estadio. En la historia del país este estado de paz y progreso es reflejado en el Porfiriato.[4] Pareciera que este estadio alcanzo su objetivo metódico, Díaz comenzó a hacer lazos sociales en los cuales era muestra de que su proyecto se encaminaría hacia la modernización del país y llegar al lema del positivismo comtiano: orden, amor y progreso; sólo que en nuestro caso particular a la “mexicana”, se omitió la palabra amor, ya que podía confundirse con la moral pregonada por el primer estadio.
Y es aquí en donde se ve reflejada la historiografía del momento. En la obra de Justo Sierra, Evolución política del pueblo mexicano se nota claramente esta idea de los estadios del hombre. Su obra esta dividida de la siguiente manera: libro primero; las civilizaciones aborígenes y la conquista. En raizando el concepto de recuperación del pasado indígena, atendía a la necesidad de glorificar el pasado indígena y su aportación a mostrar que los indígenas prehispánicos eran grandes hombres constructores, tenían conocimientos de las matemáticas y la astronomía, en especial los indígenas del sur del territorio. Sin embargo, este aún no es un Estado formado como en la receta occidental, ya que había una serie de conflictos internos y se creía más en los estados digamos “regionales” o que en una nación generalizadora. También se pasa por la época en la que conquista española funda el primer ejemplo de los estados mostrado líneas arriba.
Libro segundo: el periodo colonial a la independencia, en esta apartado se habla de los primeros fundadores y pobladores de la Nueva España, sus conquistadores, los bienes naturales que encontraron a su arribo a estas nuevas tierras, las expediciones que hacen a lo largo del territorio y por su puesto no podía estar exiliado en esta mención el conquistador de la Nueva España: Hernán Cortés, la llegada de los pacificadores-ordenes mendicantes-, el crecimiento social, etc., hasta llegar al México independiente. Con la independencia, se cumple el ciclo del primer orden de la historia humana, según la tesis de positivismo; este es, el estadio teológico.
Libro tercero: La república. Este apartado, se divide en dos partes; la primera en La Anarquía, que comprende con el imperio y su primer emperador: Iturbide, las finanzas de la época, los partidos rudimentarios y con el fin de Iturbide; continúa con, la federación y militarismo, la constitución de 1824, la presidencia de Victoria, el federalismo revolucionario de Guerrero, etc. Y finaliza esta primera parte con: el centralismo y el conflicto con Estados Unidos, Texas y Santa Ana, la primera constitución centralista, los norteamericanos en el corazón del país y la paz del cuarenta y ocho. La segunda parte de este apartado consta con La Reforma, y consiste con: reorganización y reacción, pacificación de Yucatán, Presidencia de Arista, mercantilismo y militarismo, la guerra de reforma, llegada de Maximiliano, la intervención, las deudas con los países europeos, etc. De esta manera, se pasa con el segundo estadio del positivismo, la era de la metafísica.
Y por último de la obra, habla de la época del Porfiriato, en donde ya no existe el conflicto social[5], en donde se pregona el orden y pax social. Con esta obra de unos de los positivistas más destacados del régimen, se presenta claro la influencia de querer mantener un orden desde el plano político con la utilización del método, y no a partir del enriquecimiento mental. De tal manera que la enseñanza de historia cobra sentido, a partir de querer formar a un nuevo ciudadano mexicano, con un sentimiento favorable hacia su pasado ausente y desconocido en ese momento. Cabe señalar, que la enseñanza de la historia, no se imparte a gente adulta, sino a jóvenes. La historia se convierte en pedagogía, reestructura el pasado en función del fin buscado, el de dar a conocer a la juventud mexicana los buenos principios liberales, para hacerlo ante todo mexicana, patriota, liberal, republicana, y entusiasta del pueblo y de la Reforma. La historia de la nación se convierte en historia sagrada, en donde el comunicador del pasado se convierte en el presbítero del pasado, aquel que santifica el pasado a partir de la idolatría del pasado, y que con los sermones moralizantes de aquellos héroes que dieron su vida por la conformación de la nación y que con sangre lograron heredar su lucha y sus acciones épicas para que el gobierno positivo pudiera termina el ciclo del proceso del humano ante su participación social[6], tiene sus “santos y sus traidores”, “virtudes sublimes, y sus vicios degradantes. El gobierno porfirista, apoyo la elaboración de una historiografía cuyo objetivo era presentar una idea de la unidad nacional que fatalmente inhibió la manifestación de la historia local y regional.[7] Algunos de los ejemplos de esta producción historiográfica son aquellos libros que se publicaron para la enseñanza de la historia y el civismo en la escuela primaria. El problema que se enfrentan estos libros ante el prime cuestionamiento ¿cómo se harán las publicaciones de esta historia patria? El único referente que podía tener estos autores, es el ejemplo de los libros de catecismo que se ocupaban para la enseñanza de la religión y su historia, debido a que el primer libro de texto fue llamado Catecismo elemental de la historia de México, de J.M. Roa Bárcena. Otros que fueron publicados más o menos por época fueron el Compendio de historia de México, de Manuel Rivera Cambas, y otro del mismo nombre, de Antonio García Cubas, así como Julio Zárate y Manuel Payno, que fue aprobada por la Compañía Lancasteriana de México y la Comisión de Instrucción Pública.[8] Problemas que corresponden a una nueva forma o titulación de las publicaciones, rompe con la idea del positivismo en su fase positiva, ya que se tiene que recurrir a lo ya aplicado por el antiguo método de enseñanza en la titulación de las obras, de tal forma que no hay un punto de referencia propio ante como publicar los libros que contenían la nueva forma de explicar la historia.
Sin embargo, la élite intelectual o estos nuevos ideólogos no tomaron estos puntos en cuenta. El primer punto de referencia para los educandos sería su método anterior de enseñanza, provocando pecados de confusión y no el mensaje de la historia unificante en la que la particularidad debería ser una idea extinta y darle vida a la idea de lo conjunto. Estos problemas llevan a cuestionarnos otros posibles problemas, ¿al momento de que estos nuevos historiadores o maestros se les enseñaba la “moda” de este método, en verdad sabían aplicar las ideas positivistas en la historiografía de la época? ¿acaso el problema del título de las obras era un problema porque ellos tampoco sabían asimilar el positivismo en la realidad mexicana del siglo XIX? A pesar de que al inicio de la investigación se ha mencionado que este método era enseñado en sus inicios a la élite intelectual y burguesa.[9] No quiere decir que ellos aplicaran en verdad el conocimiento netamente positivista, ya que ellos no se declaraban en su totalidad positivistas, es más declaraban que ni el propio Comte era positivista en su totalidad. Sin embargo, en esta investigación no podríamos demostrar si en verdad aplicaban los conceptos positivistas estos nuevos científicos, ya que no conocemos la filosofía positivista en su totalidad.
De esta manera nos remitimos a otro problema dado en el Porfiriato, como se da esta transición de ideologías: de liberalismo a positivismo. Una explicación pronta ante este problema puede resultar de la siguiente forma. Si recordamos la primera generación del Porfiriato, que estaba formada por aquellos compañeros y amigos de guerra del general Díaz, en cuyas mentes el ideario de liberalismo tenía que mantenerse latente para poder derrotar a los conservadores y su idea de crecimiento hacia dentro. El desarrollo de pequeños propietarios y la liberación del comercio era una de las bases fundamentales del liberalismo mexicano.
Sin embargo, se tenía que reformar el régimen porfirista y poner a estos nuevos “jóvenes” científicos, aunque el positivismo no fue propio del Porfiriato, es en este periodo en donde se utiliza como ideología oficial, aunque los gobernantes de la primera generación porfirista no se declaraban positivistas, al contrario. Aunque el positivismo ha sido la ideología oficial del régimen porfirista. Suponen también que es una ruptura con el liberalismo que le precede.[10] De manera ideológica, el choque de estás dos teorías causa un desequilibrio en el régimen porfirista, ya que una buena parte quería mantener al liberalismo vigente, otro sector aceleraba el paso del positivismo en la política del régimen. De manera que en la investigación histórica dentro del período tenía por fin encontrar verdades absolutas, bajo un sistema metodológico con la utilización de fuentes de primera y fundamentar como verdad lo dicho por el documento, los positivistas asumían que su verdad llegaba al terreno de lo absoluto y único como cierto, ya que la filosofía positiva y el método positivo, eran la filosofía y la metodología verdaderas y que las demás filosofías no eran sino el producto de conciencias no emancipadas.
Otra de las razones de la adopción oficial de esta filosofía, tenía que ver con la gran admiración hacia la cultura francesa, ya que en su mayor parte las expresiones culturales de Francia, eran adoptadas o imitadas por el régimen porfirista. Pero, ¿será mero gusto por la cultura francesa? Ante una probable respuesta, tal parece que se quiere repetir la idea de un ícono inmortal a partir de sus acciones, con las comparaciones que buscaba Díaz junto a los héroes de la patria, tal pareciera que se quería hacer él, el continuador del proceso de independencia y soberanía que se buscaba en el país. De tal manera que para dar mayor explicación a este fenómeno, se adopta la cultura gala como sinónimo de progreso, un progreso creado desde la insurrección independentista y el que continuaría con este proceso sería Porfirio Díaz Mori.
A manera de conclusión, durante el siglo XIX se desarrolló una interesante tensión entre la historiografía y filosofía de la historia para dar cabida, al final, a la teoría y metodología de la historia. El desarrollo historiográfico hizo que se desconfiara paulatinamente de la filosofía especulativa de la historia, que se le viera como el reino de las generaciones, frente a la fuerte base empírica que sustentaba la historiografía. Se fue elaborando una ruptura entre la historia moderna científica y las anteriores, simplemente narrativas o filosóficas. El cientificismo de la historiografía siguió dos vertientes: la del empirismo proporcionado por la nueva apreciación de las fuentes en las que podía basarse el texto histórico, y la del positivismo, es decir, los mecanismos inductivos y deductivos que permitan extraer leyes de la historia y, con base en ellas, interpretar los hechos. La historiografía comenzó a transitar por dos caminos principales; para ambos fue muy cara la aparición de los hechos. La historiografía auténticamente positivista es la que, basada en hechos comprobados y ciertos, busca establecer leyes que permitan dar explicaciones científicas del aconteces. Pero, tal pareciera que esta necesidad de comprobación se ve equivoca de rama, ya que el método de comparación se torna ajeno a la investigación histórica, ya que como herencia del positivismo se quiere poner a la historia a la par que las ciencias biológicas: observación, descripción y comprobación.
El problema de confusión entre ciencias, provoca que la historia pierda su carácter de ciencia de lo social y analista de sociedades, se convierte más en un método de posible exactitud, que una ciencia demostrativa del comportamiento humano en su traslado de un comportamiento a otro. Sin embargo, tal parece que se crea cada vez más un atraso en la investigación histórica, ya que mucho de la investigación actual se sigue haciendo bajo los lineamientos del positivismo, dándole así mayor peso al hecho construido por el historiador, que a la reflexión de ese acontecimiento que da origen a suinterpretación histórica.













Bibliografía
· Arellano, Verónica y Garay, Claudia. De elogios y querellas: El libro de texto de historia (1859-1959). Fascículos coleccionables, proceso BI-Centenario núm. 7, México 2009.
· Florescano, Enrique. Historia de las historias de la nación mexicana. Taurus, México 2007.
· Guerra, François Xavier. Del antiguo régimen a la revolución. Tomo I. FCE, México 1995.
· Sierra, Justo. Evolución política del pueblo mexicano. FCE, México 1957.
· __________. Obras completas I. UNAM, México 1977.
· Rovira Gaspar, María del Carmen. Justo Sierra ante la condición humana en Saladino García, Alberto (compilador) Humanismo mexicano del siglo XX. Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, Tomo 1.
· Matute Aguilar, Álvaro. Pensamiento historiográfico del siglo XX. La desintegración del positivismo (1911-1935).FCE, México 1977.
· Zea, Leopoldo. El positivismo en México: nacimiento, apogeo y decadencia. FCE, México 1988.

[1] María del Carmen Rovira Gaspar. Justo Sierra ante la condición humana en Alberto Saladino García (compilador) Humanismo mexicano del siglo XX, Universidad Autónoma del Estado de México, México 2004. Tomo I, p. 121.
[2] Leopoldo Zea. El positivismo en México: nacimiento, apogeo y decadencia. FCE, México 1988 (quinta reimpresión) p. 55.
[3] Op. Cit. p. 46.
[4] Ibídem. P.50.
[5] Justo Sierra. Evolución política del pueblo mexicano. UNAM, México 1957.
[6]François Xavier Guerra. Del antiguo régimen a la revolución (tomo I). FCE, México 1991.pp. 430-431.
[7] Enrique Florescano. Historia de las historias de la nación mexicana. Taurus, México 2007. P. 361.
[8] Verónica Arellano y Claudia Garay. De elogios y querellas: El libro de texto de historia (1859-1959) en proceso Bi-Centenario núm. 7, México 2009. P.16.
[9] Leopoldo Zea. Op. Cit.
[10] François Xavier Guerra. Op. Cit. p. 378.

1 comentario:

Anónimo dijo...

grasias me sirvio de mucho