miércoles, 12 de mayo de 2010

La imagen de Zapata posrevolucionaria

La imagen de Zapata pos revolucionaria

A manera de introducción.
El medio visual se ha sido desde siempre una forma más de comunicación. Pero en épocas en donde lo visual predomina en un mundo influenciado por imágenes, responde a la necesidad de de poner la mirada hacia otros campos de la investigación histórica y centrarnos ahora en lo que la sociedad está consumiendo. Por lo tanto, el presente ensayo atiende, a estas necesidades visuales de la sociedad- mexicana- y sobre todo dar una propuesta más con respecto a la imagen de Zapata y como este representa al tropos del héroe trágico[1], salvador y guía de las causas gustas en los problemas que competen a la sociedad cotidianamente, pero esta imagen es una construcción que tanto medios de comunicación, gobierno y sociedad han creado para legitimar su estancia en el poder o su ausencia en el mismo.
Cabe mencionar que atenderemos la necesidad reflejada en el sentido popular. Ya que Zapata ha sido el “héroe” nacional más aclamado por este sector social, distintos movimientos sociales lo han adoptado como su guía ideológico y hasta moral ya que justifica la presencia del movimiento en turno. Eso sucedió con el movimiento Zapatista de 1994; ya que por epígrafe tenía: Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), llevando el nombre de “Zapatista” dándole sentido ha que era-o es- un movimiento agrarista con el apoyo de un fuerte grupo de indígenas chiapanecos. O, pasando a un ejemplo un poco más común, las consignas alzadas en las manifestaciones populares[2] como la muy mencionada frase: “si Zapata viviera con nosotros estuviera”[3]. Si tomamos en cuenta esta frase, notamos que hay una retórica del héroe como liberador del pueblo y alentador de las causas rebeldes. Pero estas frases, aparte de ser mencionadas, van también escritas y por supuesto acompañadas de una imagen de Zapata.
La investigación, se divide de la siguiente forma: en la primera parte hablaremos de manera breve, sobre la vida de Zapata y su acción en el movimiento revolucionaria. Después, se hará un análisis de las imágenes recaudadas de Zapata a lo largo de nuestra investigación. Cabe aclarar que no delimitamos un espacio-tiempo con respecto a las imágenes, ya que consideramos que la imagen habla más que el tiempo y el tiempo también determinan la imagen en la que esta se crea.
Por último, se tocarán las conclusiones y la vigencia de la imagen de Zapata en la sociedad actual y como se está retomando no solo la imagen de este revolucionario morelense, sino también las imágenes de otros personajes subversivos de principios del siglo XX.


Primera parte
Acerca de Zapata.
Nacido en San Miguel Anenecuilco, Morelos el 8 de agosto de 1879, Emiliano Zapata era un joven Morelense que estaba dedicado a las producciones agrícolas y ganaderas, negocios que eran atendidos por su familia, hijo de Gabriel Zapata y de Cleofás Salazar, Emiliano era el noveno de diez hijos. En el año de 1909, el estado de Morelos proclamó una nueva ley de bienes raíces que consignaba por completo el predominio de los hacendados sobre los pueblos y las comunidades campesinas. En Anenecuilco, por ejemplo, los cuatro ancianos que componían el consejo de regente de la aldea se sintieron con fuerzas para enfrentarse al reto y el 12 de septiembre de 1909 convocaron a una asamblea de vecinos para elegir nuevos representantes. Ya no se necesitaba la sabiduría de la edad, sino la fuerza y la resolución de la juventud. La asamblea fue convocada de forma clandestina, para que no se enteraran los capataces de las haciendas, y a ella asistieron entre 75 y 80 hombres que representaban a los 400 habitantes de la aldea. Para ocupar el cargo de presidente del consejo se presentaron cuatro candidatos y en la votación Emiliano Zapata fue elegido por mayoría.
Emiliano Zapata vivía en una casa de adobe y no en una humilde choza, pese a lo cual era considerado por todos los habitantes de Anenecuilco como uno de los suyos. Nunca lo habían llamado don Emiliano, sino que era simplemente “el Miliano” un hombre que bebía menos que la mayoría y que, aun cuando lo hacía, parecía más dueño de si mismo que los demás. Era el mejor domador de caballos de la región, y los hacendados recurrían a sus servicios. El nuevo consejo de Anenecuilco, con su presidente Zapata al frente, recurrió al procedimiento habitual de tratar con abogados de la capital para defender sus derechos y hacer valer sus títulos de propiedad. La mayor parte de las personas con las que se entrevistaron eran destacadas opositores al régimen de Díaz, lo que influyó en que Emiliano Zapata fuera reclutado en el ejército el 11 de febrero de 1910. Sin embargo, sólo permaneció en filas durante un mes y medio, pues Ignacio de la Torre y Mier, yerno del presidente Díaz-y dueño de la mejor hacienda del estado y tal vez de la República-, conocía su habilidad con los caballos y logró que le diera la licencia a cambio de trabajar como caballerizo mayor en sus establos de la ciudad de México. Zapata pasó poco tiempo en la capital donde, según sus propias palabras, los caballos vivían en establos que avergonzaban las casas de cualquier trabajador de Morelos. Cuando llegó a Anenecuilco, sus paisanos se encontraban en un callejón sin salida. Era la época de la siembra y gran parte de sus tierras estaba en disputa con la hacienda del Hospital, que apoyaba por las autoridades no permitía sembrar en la zona en litigio. La hacienda podía esperar, porque tenía otras tierras de cultivo era la caña de azúcar. Pero los campesinos luchaban por su subsistencia, pues lo que deseaban plantar era su poco maíz, fríjoles, etc. El administrador de la hacienda quiso dar una elección ejemplar y arrendó las tierras en la disputa a los agricultores de Villa de Ayala, la cabecera del distrito a la que pertenecía Anenecuilco. Zapata, decide actuar: armó a unos ochenta hombres del pueblo y empezó a repartir lotes entre las familias de su aldea después de obligar a que se retiraran los de Ayala y la guardia de su hacienda. El ejemplo cundió, otros pueblos, entre ellos Villa de Ayala, acudieron a él para recuperar sus tierras y, en el invierno de 1909-1910, Zapata, convertido en presidente del comité defensa de Villa de Ayala, era la autoridad efectiva de una amplia zona, gracias a que había reunido una potencia de fuego suficiente para imponer sus decisiones y también a que el gobierno tenía preocupaciones mayores que atender.
El general Díaz, que había dejado entender que se retiraría de la política después de gobernar durante más de treinta años, anunció a principios de 1910 que se presentaba a una nueva reelección. También presentó su candidatura a la presidencia de la república Francisco I. Madero, un terrateniente del norte del país. Pero Madero, fue apresado al iniciar su campaña electoral y tuvo que refugiarse en Estados Unidos. Desde allí lanzó un llamado a la rebelión en contra de Díaz, consiguió aglutinar el descontento contra el presidente e inició la lucha armada. En Morelos, en pero, el comité de defensa, que tan buenos resultados obtenía en la recuperación de la tierra, siguió actuando en solitario. Zapata, antes de unirse a la rebelión, quería poner en claro si los maderistas deseaban el problema agrario y, en caso de ser así quería tener en su poder nombramientos formales que evitaran las acusaciones de bandidismo. Otras partidas de Morelos se lanzaron a la guerrilla, pero Zapata esperó a que no quedara ninguna duda sobre los dos temas que le preocupaban: la tierra y los nombramientos. Finalmente, Madero encargó la dirección de la rebelión en Morelos a Pablo Torres Burgos, quien nombró a Emiliano Zapata coronel. Ya había llegado de lanzarse a la batalla. En marzo de 1911, Torres Burgos fue asesinado por los federales y Zapata fue elegido general y Jefe Supremo del Movimiento Revolucionario del Sur. A mediados de mayo, mientras maderistas y porfiristas ya negociaban en Estados Unidos y los hacendados de Morelos maniobraban políticamente para no perder privilegios en la nueva situación que se avecinaba, Zapata decidió su posición de máximo dirigente maderista en su estado mediante una acción bélica de envergadura. El 19 de mayo, después de seis días de batalla, conquistó Cuautla, un a base sólida para controlar Morelos y una base política y militar de primera magnitud. A continuación, ordenó el reparto de tierras en su zona. El 25 de mayo, Díaz renunció a la presidencia, que fue asumida interinamente por el porfirista Francisco León de la Barra. Madero entró en la ciudad de México el 7 de junio y al día siguiente conferenció con Zapata, quien quería garantizar con respecto a la cuestión agraria. Madero trató de convencerlo de que desarmara a sus hombres. Zapata se levantó, apuntó con su carabina al respetado dirigente y le explicó que como iba armado podía quitarle su cadena de oro y su reloj, pero que no podría hacerlo si ambos llevasen armas[4]. Madero insistió, prometió soluciones y ofreció a Zapata el cargo de jefe de la policía del estado de Morelos, cuerpo al que podría incorporar a 400 de sus hombres. Zapata aceptó licenciar sus tropas y hombres 13 de junio 2500 zapatistas habían entregado las armas.
Convencido de que la situación estaba normalizada y de que podría abandonar su actividad política, el 26 de junio de 1911 Emiliano Zapata, que tenía al menos un hijo con otra mujer, contrajo matrimonio ante el presidente municipal de Villa de Ayala con Josefa Espejo, su novia desde hace tiempo. Pero la normalización no había llegado y ya nunca podría dedicarse a su vida privada. Los hacendados impidieron su nombramiento como jefe de la policía, ningún zapatista fue aceptado en ese cuerpo y sólo se le permitió conservar una escolta de cincuenta hombres armados. El acoso se incrementó y, pese a un primer intento de mediación de Madero, el ejército empezó a ocupar Morelos y a deshacer la obra de Zapata. El propio Emiliano Zapata estuvo a punto de ser capturado en la hacienda de Chinameca, pero logró escapar y días más tarde fue encontrado solo, a lomos de un burro, camino de las montañas. La brutal intervención del ejército, que aplicó la política de “recolonización” consistente en agrupar obligatoriamente a los campesinos en campos de concentración, en quemar los lugares evacuados y en tratar como enemigo a todo el que se encontrara fuera de esas reservas, dio mayor fuerza a la guerrilla, a la ahora se unieron también peones de las haciendas. Los zapatistas se agruparon y se fortalecieron, y a finales de octubre consiguieron tomar pueblos situados a menos de veinticinco kilómetros de la capital de la república.
Cuando el 6 de noviembre de 1911 Madero asumió la presidencia, Zapata concentró a sus hombres en los alrededores de Villa de Ayala a la espera de negociaciones. Sin embargo, Madero, presionado por los sectores conservadores y por el ejército, que ya preparaba de nuevo un ataque contra Morelos[5], exigió la rendición y la entrega de las armas. Zapata respondió con la publicación del Plan de Ayala, firmado el 15 de noviembre, un plan agrarista que sería su bandera irrenunciable y que años más tarde se convirtió en la base de la reforma agraria mexicana.[6] Se rompieron las hostilidades entre los revolucionarios oficiales y los agraristas. Madero nombró militar de Morelos al general Juvencio Robles, una de cuyas primeras medidas consistió en tomar como rehenes a la suegra, la hermana y dos cuñadas de Zapata. A continuación, aplicó nuevamente y de forma más dura la política de recolonización. La guerrilla creció, pero el gobierno dominaba las ciudades y, tras la situación de Robles por el general Felipe Ángeles, trató de poner en práctica una política reformista que restara apoyo social a Zapata, cuya familia fue liberada. Sin embargo, las rebeliones contra Madero y su asesinato en febrero de 1913 por órdenes de Victoriano Huerta, reavivaron el movimiento revolucionario en todo México.
Huerta necesitaba golpear espectacularmente a sus enemigos, por lo que encargó de nuevo a Robles la lucha contra zapatistas. La recolonización, las levas forzosas y las deportaciones de campesinos volvieron a radicalizar la lucha. Zapata se impuso en Morelos, mientras Venustiano Carranza, que como gobernador constitucional de Coahuila pretendía encarnar la legalidad frente a Huerta, agrupaba fuerzas y Pancho Vila ganaba terreno en el norte del país. Antes de establecer un frente común contra Huerta, Zapata, a cuyas filas se habían incorporado intelectuales procedentes de la casa del obrero mundial, exigió a sus posibles aliados la aceptación del Plan de Ayala; en caso contrario, seguiría su lucha agrarista en solitario. Carranza no incluyó en su programa las reivindicaciones obreras y campesinas y, cuando en julio de 1914 Huerta se vio obligado a abandonar el país, zapatistas y villistas se opusieron a su predominio. La convención de Aguascalientes, convocada para concretar a las diferentes facciones terminó con la retirada de los carrancistas y supuso un acercamiento ente Villa y Zapata que entraron en la capital del país en noviembre de 1914.
Carranza, cuyos proyectos de reforma eran mucho más moderados, no podía permitirse la supervivencia del zapatismo en Morelos y en diciembre de 1917 preparó una nueva ofensiva, que dejó de nuevo al mando de Pablo González. Pese que en esta ocasión González no entró en Morelos a sangre y fuego, sino que trato de implantar en el estado las reformas carrancistas y de pactar con los zapatistas moderados la guerrilla siguió activa, lo que representaba para Carranza una continúa incitación a la radicalización revolucionaria. Ante la imposibilidad de terminar con el movimiento, Carranza y González planearon el asesinato de Zapata. Con el señuelo de pasarse a su bando con armas y pertrechos, el coronel Jesús Guajardo atrajo a Emiliano Zapata hasta el lugar bien conocido por el líder sureño, la hacienda de Chinameca, de donde años atrás había escapado de otra ofensiva federal. Allí, Guajardo tenía apostados a sus casi mil soldados, Zapata y sus hombres de su escolta personal acudieron a la cita. El 10 de abril de 1919, al traspasar la puerta de la hacienda, los soldados que presentaban armas dispararon a quemarropa contra Emiliano Zapata, que cayó acribillado. Su cadáver fue trasladado a Cuautla y González hizo que el entierro fuera fotografiado y filmado.












Segunda Parte

Imágenes de Zapata posrevolucionarios
Después de haber dado un panorama general de la vida de Zapata, nos centraremos, ahora, a hacer un análisis de las imágenes que se han creado en el aspecto popular, y como la sociedad toma su imagen como el salvador de las demandas sociales a partir de los ideales que el perseguía. El héroe trágico[7], es el que la da sentido o justificación a los movimientos sociales y a los descontentos de la misma. De esta manera atenderemos el nuevo giro historiográfico de la observación de observaciones. Uno ejemplo de cómo se pretende darle este sentido a nuestra investigación-con respecto a lo que el receptor quiere entender de la imagen- es el ejemplo que da Bazandall. “percibir un cuadro del renacimiento, la distancia temporal que existe entre la mirada de un hombre del siglo XX y la de uno del siglo XVI. Si el cuadro no es el mismo para ambas miradas sociales es porque, en sentido estricto, éste sólo existe en las descripciones que cada sociedad de él (el cuadro). [8] Iniciemos haciendo un análisis sobre algunas fotografías de la época en la que Zapata participó en el movimiento rebelde.
En la presente imagen, se demuestra una de las grandes prácticas que tenía Zapata y de la cual le resultaba buenas aptitudes: el domar a los caballos. Zapata se muestra con una expresión seria, tomando la rienda con la mano izquierda y la derecha sobre la pierna del mismo lado. En la parte inferior de él a la altura de su pierna derecha, se encuentra una carabina; demostrando así su constante compromiso con el movimiento armado y la defensa de sus ideales por los cuales le daba sentido a su participación en la revolución. Peter Burke, menciona que las imágenes de aquellos hombres que hicieron eco en la sociedad, son mostrados por lo regular en un caballo, sinónimo de fuerza, liderazgo, valentía y todas las acepciones que la sociedad les ha otorgado a los liberadores trágicos.[9] Uno de los rasgos característicos que también se le han adjudicado a Zapata, era su continúa excelente vestimenta. A diferencia de los hombres que laboraban en el campo, Zapata mostraba una vestimenta atípica del sector por el que luchaba, sin embargo esto nunca fue impedimento para que fuera ovacionado por su pueblo y que fuera él su representante en la insurrección revolucionaria. Parece ser que es un ejemplo absurdo, pero si entendemos que en una sociedad que se rige por escala social, la presencia de un hombre con un aspecto diferente a la colectividad puede resultar de desconfianza para la comuna y más en una sociedad de principios del siglo XX, que si un hombre se acercaba al pueblo con vestimenta de aristócrata, se le daba la connotación de bandido ó de que iba a robar las propiedades de la comunidad. Por lo tanto éste es uno de de los éxitos de Zapata y que hizo que la gente no pusiera su atención en estos aspectos.
En la segunda imagen, se muestra un Zapata conversando con uno de sus compañeros de tropa-el nombre y la fecha de la imagen es una información con la que no contamos-, se puede percibir a un Zapata atento a lo que le está comunicando. El otro hombre de la imagen, porta un arma en su hombro izquierdo y trae puesto este característico sombrero grande que servía para hacer sombra del sol y así tener una mayor visibilidad de lo que ellos desarrollaban. Una vez más se muestra a un Zapata en montado en un caballo, otro sinónimo de superioridad, pero no de un superior déspota y altanero, sino de un superior que era atento con su tropa y que permitía escuchar a sus compañeros.
En la imagen inferior se encuentra Zapata con el general Manuel Asúnsolo, él entrega la ciudad de Cuernavaca al general Zapata, acompañados de sus estados mayores (abril de 1911) y del jefe revolucionario Abraham Martínez (derecha de Zapata)[10]. Como un buen líder revolucionario, este se mostraba acompañado de su gente. Zapata se muestra con un cigarro en la mano izquierda; en lo que respecta a los generales mantienen una expresión de desaire y flexionando las piernas y con la mirada perdida, pareciera ser que la decisión de entregar la ciudad a los zapatistas, no les fue grata.

Después del breve paseo por algunas imágenes de la época de Zapata, iniciaremos con lo que Samuel Brunk llama el “culto popular”. [11] Aquí, se comienza a dar un sentido a la imagen entre los logros del zapatismo (si es que queda alguno de ellos) y la ideología del guerrillero del sur, mesclado con un toque de iconografías que son procedentes de otras ideologías políticas-como en el caso de esta imagen que muestra dos elementos importantes de la bandera de la extinta URSS- y de creatividades que van desde los murales mexicanos, mantas de manifestaciones, mescla de héroes libertadores, etc.
Como se muestra en la imagen, está pintura refleja la lucha popular por los derechos; ahora no tan sólo de las causas campesinas, sino también obreras. Sobre el sombrero está el lema de Tierra y Libertad, epígrafe que mantenía el discurso zapatista para la justificación de su lucha armada. En la imagen se encuentran, como hemos mencionado líneas arriba, el martillo y la oz que son sostenidos por manos que se muestran grandes y ásperas, característica de las manos que laboran tanto en el campo como en las fábricas. En la parte inferior del sombrero de Zapata se notan dos iconográmas del socialismo: del lado izquierdo de la imagen el martillo y la os, y a la derecha la estrella socialista (sinónimo de libertad). Ahora vemos como se funde el lema de proletarios de todas las naciones uníos con el lema zapatista. Se asume la lucha de los oprimidos contra los opresores, y el respeto de los derechos laborales y agrarios. También vemos la expresión de un Zapata aguerrido, sosteniendo su fusil y cruzándole en el pecho sus carrileras de balas, dando a entender que él esta respaldando la lucha de las clases oprimidas y que su legado de combate estará presente hasta que la victoria sea para los que trabajan y no para los que nunca se sesean.
Cambiando las carrilleras de balas, por las mazorcas de maíz, en esta imagen recuerda al Zapata que lucha por bienestar de la tierra, recordando que el campesino es el dueño de la tierra. Nosotros no somos peces para vivir del mar, no somos aves para vivir del aire, somos hombres para vivir de la tierra. Así es como un campesino nicaragüense le recordaba a una antropóloga mexicana sobre el problema de la tierra en aquel país.[12] De esta misma forma es lo que la imagen nos pretende decir, la tierra es para quién la trabaja.
Entrando en la parte del sentido de pertenencia que debe tener el labrador de la tierra y que él es quién debe ser el responsable del cuidado de la tierra, me recuerda una frase de uno de los hijos de Zapata que decía: el campo no depende de las ciudades para vivir, la ciudad sí necesita del campo para poder vivir. Des esta forma, la imagen que está en la parte inferior, cuyo autor es Diego Rivera y pertenece al mural que está ubicado dentro de la Escuela de Chapingo, habla sobre la muerte de Zapata y de cómo el cuerpo pasa a ser alimento del campo; como un proceso más de la cadena alimenticia, Zapata por quién en nombre del campo luchó, ahora descansa bajo la tierra y sobre de él cresen las matas de maíz para poder alimentar al hombre, alimento que debe luchar constantemente para la continuidad de su especie y su cultura. Bien es sabido que el maíz es parte de la cultura mexicana y que cómo en las crisis alimenticias que se suscitaron en el año 2007: si maíz no hay país.
En esta litografía, se presente a los continuadores de Zapata, al frente se encuentra el “caudillo del sur”, atrás de él están dos mujeres incadas con los brazos levantados y es visible como se ve la sombra de ellas. Del lado derecho está uno de sus quehaceres favoritos, los caballos y en la parte superior de la imagen el galopar de los caballos, como si fuera la persecución de una batalla épica. Reforma, justicia y ley; son los lemas que las clases oprimidas continúan peleando. Ante un gobierno, que comenzó a adoptar las políticas neoliberales, en donde el despojo de las tierras de los campesinos fueron violadas por las grandes terratenientes. Un ejemplo de estás atrocidades fue lo que sucedió en el pueblo Cocoyoc, que siendo tierras de ex veteranos revolucionarios, fueron arrancadas de sus dueños, cuyos derechos los obtuvieron a sangre y fuego y rescataron a lo que ellos les pertense. Ahora, un grupo de tecnócratas violan sus derechos originales y se contraponen en sus discursos, autonombrandose herederos de la revolución y obteniendo ganancias impresionantes mientras el pueblo se muere de hambre.
Ante estas prácticas nauseabundas, una de las mejores formas de manifestar este descontento social, es la imagen. Por eso, se comienza a retomar el recuerdo pictórico del caudillo del sur.
Como parte de mostrar la historia de nuestro país en la conformación de un Estado-nación en las primeras décadas del siglo XX, el muralismo-como ya hemos mencionado-sirve para enseñar la historia de nuestro país. De esta forma, Diego Rivera cuyas ideas comulgaban con el pensamiento de liberación socialista, plasma en el Teatro Insurgentes a un Zapata con el lema Tierra y Libertad. Zapata sostiene en la mano derecha un antorcha encendida-símbolo de libertad- y en la mano izquierda una mazorca de maíz-símbolo de la tierra-. En la parte superior de la imagen hay cinco soldados zapatistas en combate en la parte alta como de un cerro, del lado inferior de la imagen hay un zapatista caído, que recuerda que la lucha por la tierra debe ir hasta el final ya que era uno de los propósitos de Zapata: luchar hasta morir.[13]
Como parte de la cultura mexicana y su satírica ante la muerte, el recuerda de Zapata no podía quedarse atrás. Un Zapata que su recuerdo aún no muere en el recuerdo de la colectividad, pero que la presencia (o ausencia) del movimiento revolucionario puede dejarse atrás. Aunque en años anteriores se había querido cancelar la conmemoración del movimiento revolucionario, por cuestiones de conflictos entre posiciones ideológicas. Es imposible que el Estado quiera romper con la memoria de la gente, el suceso revolucionario es algo que está bien plasmado en la memoria y romper con éste sería acabar con una parte de la memoria del pueblo. Aunque se quiere acabar con la educación revolucionario[14], el pueblo no permitirá que la revolución sea una sátira más de la muerte y que su pasado quede como está imagen: muerta.



Entrando en las cuestiones culturales, el mexicano tiende a mantener concepciones sobre la muerte: estás son la dualidad de la vida y como se quiere mantener viva la imagen Zapata. En la presente imagen vemos como se mezcla a Zapata vivo pero en con su ausencia en la terrenal, en un perfil típico con su sombrero, bigote y carrilleras y del otro lado se sustituye con la calavera, collar de jades y un tocado de plumas; mezclando el pasado prehispánico con la representación de uno de los últimos tlatoanis mexicas Moctezuma, haciendo así la fusión de dos héroes trágicos que combatieron por mantener su herencia cultural y la defensa de sus tierras. Una vez más, el negar la muerte de Zapata en la memoria colectiva, atiende a la necesidad de mantener vivo su recuerdo, de esta forma algunos veían a Zapata galopar por las montañas y regresar un día para continuar con la revolución. Zapata no estaba muerto. Asociado a la esperanza, se convirtió en una imagen constante mente reinventada, de espera de una promesa. Esta espera-herida del tiempo creó en la sociedad su propia terapia a fin de entender el dolor provocado por la ruptura. Como un principio de esperanza, estuvo asociado a otros personajes suspendidos en el tiempo maravilloso de los relámpagos de la historia y de la religión mexicana. Lo veían galopar como un ángel del Apocalipsis y lo asemejaban al arcángel San Miguel, matando a la bestia demoniaca. Pero también se volvió Quetzalcóatl, serpiente emplumada de paz y justicia que, al regresar, luchaba contra el dios del mal.[15]
Memoria y esperanza, dos cosas que han permitido que el recuerdo de la lucha armada zapatista tenga aun vigencia en los problemas que atienden a las demandas de los oprimidos, sus jefes históricos justifican su reclamo ante los problemas agrarios y que con el respaldo de ellos su lucha será justa por hacer valer sus derechos como herederos de la lucha de sus antepasados, asumiendo su compromiso social y entregando sus causas al pueblo.




La siguiente imagen, nos recuerda a dos pinturas famosas en la historia francesa, estas dos son: la toma de la Bastilla en la revolución francesa y la otro el cuadro de Napoleón Bonaparte montado en su caballo blanco. En esta imagen (de cuyo autor no conocemos su identidad) presenta a Zapata montado en un caballo blanco-en las imágenes anteriores vemos que Zapata no tenía un caballo de tal color- con la mano levantada y sosteniendo un fusil, alentando al pueblo a unirse al movimiento armado. De tras de él, se encuentran guerrilleros armados dispuestos a combatir; se puede apreciar un soldado tocando la corneta haciendo el llamado y alentando a la lucha, del lado izquierdo de la imagen hay un soldado abriendo fuego al aire demostrando valentía. Al fondo de la imagen se ve ondeando una bandera roja, retomando una vez más la lucha internacional de campesinos y obreros.
Un ejemplo más de la lucha revolucionaria es la mezcla entre los lemas de Zapata y la imagen. Bajo el título de: mas vale morir de pie que vivir arrodillado, se funde la idea de mantener la lucha y no permitir que los derechos de la tierra sean violados. De esta forma recordaba Zapata a Madero cual era la finalidad de su lucha:
-No, señor Madero; yo no me levanté en armas para conquistar haciendas; yo me levanté en armas para que se les restituyera a los pueblos lo que es suyo; y sepa, señor Madero, que a mí y al estado de Morelos, nos cumple usted lo que nos ha ofrecido, o a usted o a mí nos lleva la chingada[16]



De esta manera se demuestra el compromiso de la lucha revolucionaria, y que el objetivo del movimiento es por un solo interés: el campo. Estas declaraciones hacen que los campesinos refuercen su apoyo a Zapata, y desde luego el apoyo no sólo se ve manifestado con lo luchadores sociales de los primeros años de la revolución, sino también con aquellos que la lucha continúa por el reconocimiento de las tierras. Este compromiso se ve retomado por luchas posteriores a la revolución.
Las manifestaciones sociales se apoyan con estás declaraciones revolucionarias, en donde el único interés es la causa común. De esta forma, se muestra a una joven levantando dos imágenes, de dos luchadores revolucionarios: Emiliano Zapata y Ernesto el “Che” Guevara. Justificación social para la petición de las demandas sociales. Por un lado la liberación de América Latina y romper con el yugo de las políticas imperialistas. Del otro lado, la liberación del campo mexicano y la devolución de las tierras a quienes le pertenecen. En la imagen, se puede notar a esta joven alzando la voz y demostrando su descontento.
Sin embargo, como nos menciona Peter Burke la asesoría de la imagen quizá sea nueva como expresión, pero no como idea[17]. De esta forma la imagen puede tomar dos a significados con el uso de la imagen: de tal forma, que la imagen en el uso de los movimientos subversivos pueden sustituir o destruir la imagen de aquellos “héroes” trágicos.[18]


En la conformación de una identidad nacional, se ha tomado la imagen de Zapata para darle nombre a una buena cantidad de escuelas en el país. Un ejemplo de ello, es una escuela funda en los años treinta en el estado de Morelos; en la cual recibió del Congreso del estado de Morelos un retrato al óleo del “mártir del agrarismo nacional”, Emiliano Zapata; la escuela llevaría su nombre. Sin embargo, en otras latitudes donde la educación también ha sido golpeada por los intereses de unos cuantos y que los deseos de poder dar un mejor nivel de vida, no sólo económica sino también cultural, la población ha tomado una vez más la imagen del caudillo del sur para demandar la educación a la comunidad.
En esta imagen provoca un impacto fuerte en el receptor, en cuyo grado de demanda social es alto. En la pared de esta escuela ubicada en una comunidad chiapaneca, se muestra a Zapata con la mano izquierda levantada y sosteniendo una pancarta del Che Guevara y a su lado un zapatista mirando a Zapata y levanta la mano de igual forma que el revolucionario sureño. Tres revoluciones famosas del siglo XX se ven mescladas en esta imagen: el movimiento zapatista de inicios de siglo, comandado por Emiliano Zapata, la imagen del guerrillero argentino que cuya lucha fue llevada al triunfo en los años cincuentas en Cuba y el movimiento del EZLN a mediados de la década de los noventa del mismo siglo; cuyas demandas era evitar el Tratado de Libre Comercio, y darle prioridad al campesinado mexicano.
El guía moral del movimiento zapatista contemporáneo, fue aquel encapuchado, que parecía esconder su identidad para no ser identificado por el gobierno en turno, y así llevar a cabo la finalidad del EZLN, aquel hombre es: el subcomandante Marcos, cuyo discurso antineoliberalista, reclamaba lo logrado por el Zapatismo de principios de siglo. Ocupando la retórica del discurso zapatista de “libertad, justica y ley” el neozapatismo demandaba hacer valer los derechos agrarios y evitar que el gobierno neoliberalista usurpara el campo mexicano, porque la competencia del campesinado sería inútil ante los grandes monstruos internacionales. Se pronosticaba una desigualdad en las competencias de mercado; un campo golpeado y olvidado por autoridades incompetentes, quería ponerse a la par de los grandes mercados de América del norte. Situación fallida, pero hubo un grupo que se oponía a esta violenta competencia.
Nosotros nacimos de la noche, en ella vivimos y moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que lloran la noche, para a los que se les niega el día…para nosotros la dignidad insurrecta, para nosotros el futuro negado, para nosotros nada…libertad, justicia y ley.
De esta forma, se da un paseo en el olvido que se ha tenido ante los pueblos indígenas y campesinos. El EZLN, asume que el papel del indígena está remontado hacia el olvido, que la atención del gobierno ya no está centrado en las demandas del pueblo, sino en las demandas de su soberbia voraz, cuyo grupo de tecnócratas presta interés en la continuidad de su régimen promiscuo y no en el hambre del pueblo, cuya única demanda es el derecho a sobrevivir.




En el atropello de los derechos agrarios, el gobierno comienza a tomar medidas que violan los propósitos de la revolución. Tal es el caso del ejido de San Francisco Tlanltenco en el Estado de México. Esta imagen está puesta en una caseta donde los campesinos se cobijaban del frío, de la lluvia y del calor. En los quehaceres del campo era un lugar para guardar semillas y herramientas, para los trabajos de la agricultura y la ganadería. Actividades de las cuales muchas familias dependen para vivir, además era símbolo de lo que se ganó en la revolución: tierra y libertad.[19] En la imagen se aprecia a Zapata con tres personas, que al parecer son campesinos de la zona; lo interesante en que fue pintada en un lugar en el que sirve de refugio para la gente del ejido, como se menciona es donde se guarda las herramientas y también se refugia la gente ahí ante los cambios del clima. Se puede entender como el lugar de protección y que su protector los defenderá de todo mal, ya sea natural y por sus semejantes.
De esta forma podemos percibir los múltiples significados de la imagen de Zapata y como el pueblo se identifica con él.
Tercera parte
Conclusiones
Las imágenes nos permiten imaginar el pasado de un modelo más vivo, son forma importante como documento histórico y nos reflejan un testimonio ocular.[20] Empero, nos muestran una realidad que el creador de esa misma imagen quiere decir, ya que como el trabajo de interpretar las ausencias se mezcla con la necesidad de mostrar una realidad desde la prospectiva de los subalternos. Zapata tiene un gran número de connotaciones en el espacio de lo social; desde ser liberador de los oprimidos, hasta legitimar a los gobiernos posteriores a la revolución.
Héroe nacional, luchador social, bandido de propiedades, falso profeta, etc. El múltiple sentido ante la imagen de Zapata causa un efecto en la memoria colectiva de los mexicanos, el continuar con el recuerdo de aquellos revolucionarios que participaron para el derrocamiento de un régimen arcaico, hace sentir en la mente de los mexicanos que existió una persona que sobre puso sus los intereses del pueblo y dejo a un lado cualquier interés propio. En el margen de la conmemoración del centenario de la Revolución Mexicana, nos toca reflexionar como sociedad estos conceptos de “revolución”, ¿puede sonar como una evolución? O ¿es que no se sabe bien que es lo que con lleva la revolución? Pareciera ser que este conocimiento pertenece al sector intelectual; pero ¿de qué sirve que esta línea social tenga el conocimiento de esto, si no transfiere a quienes les hace falta entender este cambio?
En lo actual no se discute el término revolución, los intelectuales se van más por la vigencia de la revolución a escala de memoria que lo que conlleva el acontecimiento. En vísperas del aniversario de la revolución francesa, Pierre Chanuu tomó una posición radical, argumentando que si bien era inevitable conmemorar, no había nada que celebrar[21]. Y valla que no es grato celebrar 72 años de monopolio político priista, pero da suspiros de renovación ó cambio para la sociedad. Pareciera que hay un objetivo: enterrar a la revolución. Sin embargo, creo que se mantiene vigente la revolución, ya no como legalidad política, sino como recuerdo común. Tal es el caso que aun se mantienen organizaciones, escuelas, comunidades, etc., con nombre como Villa o Zapata, de esta forma el ideario de la revolución sigue presente en la memoria.[22]
La sobrevivencia de la revolución es un tema que puede dar sismos en las estructuras políticas del país. El regresar al discurso retórico del priismo como herederos de la revolución, sirve para querer mantener esa vigencia y hacer una renovación en la política mexicana, cuyo fin de subestimar la memoria de la gente haciendo creer que el PRI está “renovado”, le hará cambiar de opinión al pueblo. Por el otro lado, el recordar la revolución al panismo le puede causar un gran dolor de cabeza, ya que su principal enemigo tiene su pesebre ahí. Pero lo importante es que el pueblo mantenga la revolución como u movimiento de cambio que no sólo es propio de 1910: sino también del 2010.






Bibliografía

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· Womack, John Jr. Zapata y la Revolución Mexicana. México: Siglo XXI, 1969.
· Documental: Los últimos zapatistas: héroes olvidados de Francesco Taboada Tabone, México 2000.
[1] Marco Velázquez Albo. El tropos del héroe trágico entre la historia y la literatura. De Lev Tolstói a John Womack. En Graffylia, BUAP. Año 5 No. 7 (2007) p. 107.
[2] Utilizo este concepto de popular a todas aquellas manifestaciones sociales, hechas por las clases oprimidas, llámese manifestaciones estudiantiles, marchas de sindicalistas, discursos de oposición, entre otros.
[3] Elena Poniatowska. La noche de Tlatelolco. Era, México (2001) p. 140.
[4] John Womack, Jr. Zapata y la revolución Mexicana, Siglo XXI, México 1976, p. 76.
[5] Op. Cit. P. 80.
[6] Esta bandera agrarista, sería el bastión de los pueblos oprimidos durante el largo siglo XX. A diferencia de lo que propone el historiador inglés Eric Hobsbawn, en el cual mira al siglo XX como el siglo “corto”, considero que no se podría mirar así a este siglo. Debido a que es uno de los siglos de mayor complejidad en la historia no sólo de México; sino también del mundo.
En el terreno de la historia agraria en México, la evolución de la tecnología en las herramientas agrarias, creo una serie de desigualdades de competencia entre los grandes monopolios agricultores y los humildes campesinos; esta desigualdad es por la adquisición e invención de la tecnología. Ésta creada en el siglo XX.
Eric Hobsbawn. Historia del siglo XX: 1914-1991. Crítica, Barcelona 2003; traducción al castellano por Juan Faci , Jordi Ainaud y Carmen Castells. Pp. 614.
[7] Marco Velázquez. Op. Cit.
[8] Baxandall, Modelos, 1989. Citado en: Alfonzo Mendiola. El giro historiográfico: la observación de observaciones del pasado, en Historia y Grafía, México, Universidad Iberoamericana, núm. 15, 2001. P. 501.
[9] Peter Burke. Visto y no visto: el uso de la imagen como documento histórico. Madrid, Crítica 2001. P. 155.
[10] Alba C. de Rojo y Rafael López Castro. Iconografía de Zapata. FCE. México, primera reimpresión 2000, p. 42.
[11] Samuel Brunk. El culto popular. Fascículos, proceso BI-CENTENARIO, núm 2, México. 2009. P. 22.
[12] “Los últimos zapatistas: héroes olvidados”.
[13] Alba C. de Rojo y Rafael López Castro. Op. Cit. p. 104.
[14] Entiéndase este concepto de “educación revolucionaria”, no lo que el Estado proporciona, sino lo que se enseña sobre la revolución.
[15] Fernando Matamoros Ponce. Memoria y utopía en México. Imaginarios en la génesis del neozapatismo. UV-BUAP. México 2005. P 167.
[16] Alba C. de Rojo. Op. Cit. p. 80.
[17] Peter Burke. Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Crítica, Madrid 2001. P. 94.
[18] Op. Cit. p. 100.
[19] http//www.unioncampesina.mx.tl/32250_AYER.ES.YA.HI
[20] Peter Burke. Op. Cit. p. 90.
[21] Jean Meyer. Un siglo de dudas. En: revista Nexos, núm. 383. México. Noviembre, 2009
[22] Entrevista a Friedrich Katz en el periódico La jornada 20 de noviembre del 2009.

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