domingo, 9 de noviembre de 2008

parte 2 del ensayo: Filosofía de la Historia en Jean Paul Sartre


En la elaboración sobre una teoría de la conciencia humana, Sartre se apoya en la fenomenología de Husserl, y deja la mayor muestra de su existencialismo. A este lo explica, reduciéndolo, como una realidad humana; el hombre en su existencia concreta; y a la par con Heidegger: “hombre como ser en el mundo”; y concibe esta existencia como consciente; igualmente observa, que esto es en lo que se distingue de la existencia de la cosa. Husserl, dará a Sartre una fuente teórica más.
Tal, le asegura el concepto de unidad de conciencia, y le permitió comenzar a comprender la existencia humana misma, para llegar al fin que fue la intencionalidad de la conciencia. Husserl explica esta intencionalidad como la estructura fundamental de la conciencia, y su propiedad es estar destinada o dirigida a un objeto, es decir, la conciencia se sale de sí misma para radicar en el objeto al que esté dirigido, entonces, esta carece de un interior que se quede en el yo. A esto Sartre lo llama “fuga”, y mediante un ejemplo lo expresa. Consiste en sí mismo, corriendo tras un tranvía, mirando la hora, observando un retrato; y afirma que no hay un yo en ese momento, ya que la conciencia se unifica en el escape al objeto. Esto, queda argumentado por él, y distingue dos regiones del ser: el ser para sí y el ser en sí.
El ser en sí, es el del Mundo, el de los objetos —el de la conciencia que se escapa hacia ellos— es el ser de la objetividad, (el que ya se ha comprendido) trascendente a ella. Este ser, es. El ser para sí, es el que no es. —es nada―. Pero en este ser, el sujeto es el deseo de ser, es decir, al querer ser algo que lo defina por su ser en su proyecto como hombre con sus deseos, el ser para sí, quiere ser un ser en sí, pero es imposible ya que llegaría a una totalidad. Por este “deseo de ser” se es libre[1]. Los deseos serán particulares en cada ser para sí. Si se es ser para sí, significa que sólo se es para sí, el decide qué hacer consigo. Es libre de decidirlo.
Le surge entonces una preocupación a Sartre: cuando el ser en sí no tiene un objeto al cual dirigirse, y cuando el ser para sí se encuentra en el dilema de decidir que deseo prepondera, se pregunta, ¿Qué sucede? Sartre expresa con mayor énfasis, dos resultados de ello: angustia y nausea. La primera aparece, cuando el ser para sí, está en la indecisión de la acción a realizar, esto lo desarrolla mediante el ejemplo de un hombre que tiene que cuidar a su madre ante la muerte, pero que tiene la posibilidad de vengar a su hermano en la guerra tras su muerte en la misma[2]. Al mismo tono, en este texto afirma que: “la existencia precede a la esencia”, que se existe antes de pensar. Y si se acepta este postulado, se puede llegar al humanismo, reflexionando sobre la libertad de el otro, y aceptando las responsabilidades que se tienen ante las decisiones que puedan trasgredir a este.
La nausea, explica, aparece cuando hay conciencia de que hay que decidir, sin embargo se escapa de la situación delegando la elección al otro. De este escape resulta la incapacidad de asumir una libertad. Se cae en un absurdo de la existencia[3]. Si se puede decidir, si se tiene que decidir, ¿por qué no se decide? Esto produce el sentimiento de nausea, es decir se experimenta este sentimiento cuando se toma conciencia de que se es absurdo como ser. Por eso afirma Sartre con énfasis. El hombre está condenado a ser libre.
Libertad no solo será entonces la elección, conciencia de ella; sino también conciencia total de las responsabilidades, que como consecuencia de la elección resulten, dicha libertad demuestra que el hombre existe, que se encuentra a sí mismo, y que se puede definir por serlo, por eso está condenado a ser libre, porque en todo instante, el individuo, tiene la total responsabilidad de asumir las consecuencias de sus decisiones.
“lo importante no es lo que han hecho de nosotros, si no lo que nosotros hacemos de nosotros mismos con eso que han hecho de nosotros”[4]

Esta relación de libertades, y la libertad en concreto, es amenazada por lo que Sartre denomina: mala fe, y dice que el hombre puede, ante sentimientos como la angustia y la nausea, tratar de engañarse a sí mismo, depositando la responsabilidad en algo ajeno a él, como en otro, puede ser también un Dios, un ambiente, e inclusive a la herencia. Este autoengaño, demostrará uno de los vicios humanos, que Hobbes denominaba correlativos diciendo:
“…Cuando los hombres registran sus pensamientos en forma equivocada, por la inconstancia de significación de sus palabras; con ellas registraban concepciones que nunca han concebido, y se engañan a sí mismos…”[5]
Otra de las preocupaciones de Sartre ante la Historia y el porvenir, fue la del «Tercer mundo», lo que es este, lo que significa. Sartre niega totalmente, la posibilidad de que exista un proyecto histórico común, si hay un proyecto tal, en el «Tercer mundo», que impida el acceso a artefactos culturales, o a bienes intelectuales, (Esto se cree aquí) porqué puedan generar un interés mayor de avance, o de agregación a un proyecto histórico mejor, en el colectivo. Se regresa así, al tema del otro: Al ser uno, el interesado por el proyecto, se preocupa por el otro, que se encuentra bajo cooptación, acto que trasgrede el proyecto mismo. Ambos serán conscientes de tal efecto.
¿Cómo debe ser entonces el otro, el del «tercer mundo»?, ¿Cuál es el modelo que debe de seguir? Sartre hace un modelo del intelectual inserto en el proyecto histórico. Este es el que no deja de lado los campos como la filosofía, la literatura, el preocupado por el otro fuera de. Este estudio estará presente siempre en Sartre, el del intelectual, y la participación de este en un mundo tanto académico, como histórico.

Tras el establecimiento del socialismo con la unión soviética, los principios marxistas que con esto se construyen, la entrada de esta corriente a la literatura y a otros campos como la lingüística; la filosofía de Sartre, que se encontraba lejos de los temas políticos y del marxismo mismo, se acercó poco a poco en un promedio de dos décadas, tras las afectaciones del Fascismo y Nazismo en él. Sartre entonces, adopta estas posturas políticas, que siendo fieles, logran establecer una crítica, la “crítica de la razón dialéctica”. Este texto, se dirige filosóficamente a la expresión de las contradicciones de la época, el autor que otea que el marxismo es insuperable, por lo menos, hasta que finalice el capitalismo, y poniendo totalmente a su disposición el existencialismo[6]. Como dramaturgo y novelista, sus personajes también dieron muestra y expresión de tales contradicciones.
Ante el proyecto, se expresa Jean Paul: “El materialismo nos da la única interpretación válida de la historia”. Y afirma que el marxismo explica mediante la dialéctica, el aspecto objetivo de la existencia y de una historia, cuando el existencialismo explica el aspecto subjetivo.
Igualmente va a pensar, en la relación del individuo con su clase, y en lo que esto trae como consecuencia, es decir, Sartre hará el estudio del individuo en la clase. Y expondrá, que éste, no está sujeto a los intereses de ella, no se le imponen, ya que este es capaz de decidir si tales intereses le convienen; todo, sin decir que se salga del grupo social mismo. También va a proponer un postulado cercano a la enajenación marxista, diciendo que la sociedad moderna influye tanto en el individuo, que se comienza este a serializar, lo que interpreta como una pérdida de identidad.

Años más tarde el partido comunista francés, hace campañas en contra de él, por oponerse a acciones bélicas; y éste, generando críticas en contra del comunismo, se encarga de escribir con afán una teoría apegada en cierta forma al anarquismo, al caos, Sartre propone aquí, que los humanos son seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad sin olvidarse de las responsabilidades que se tienen con el proyecto histórico, sin soporte de la sociedad, la moral o la religiosidad. Ante la historia, nuevamente Sartre aporta que el poder individual sólo puede recobrarse a través de la acción revolucionaria colectiva.
Después de entablar vínculos con el maoísmo, cuando el mismo Mao comienza a percibir la experiencia de la política, y hace reflexión sobre como ésta se sitúa en la vivencia del ser humano, Sartre se introduce al activismo, y pasa a hacer críticas al marxismo para adentrarse en la reflexión sobre la moral.
Para el 68, Sartre se encontraría en crisis, un proceso de negación como lo estableció en la teoría del ser para sí, y esto lo insertó en sus temas centrales, de nuevo procurarían al intelectual, diciendo que la mayor inquietud de este, es el estar en un proceso semejante, de negación continua consigo mismo, junto a su vinculación con las masas. Paralelamente las revueltas estudiantiles, lo colocan en debates políticos, por ser una de las mayores figuras académicas de la época.

Tal proceso de negación, ya se vislumbraba, cuando en el 64 rechazara el premio Nobel, argumentando razones éticas. Su paso en varias ocasiones por América dejarían influencia a los intelectuales que se encontraban en disputa, estos parecían ser los liberales y conservadores de varios países. También dejo aportaciones muy grandes sobre las concepciones de la moral y la estética. De nuevo y por su activismo todavía presente, trataría de dejar sus estudios humanistas así como sus aportaciones tan grandes al existencialismo, a la mano en este continente, por su visión de un Latino América violentado.

En una época descrita por las imágenes de destrucción y exterminio, Sartre, y como conclusión, procura avivar a sus semejantes, cooptados por una falsa sociedad que le promete bienestar. Lo hace expresándoles que la existencia humana es un fenómeno subjetivo, ya que es conciencia del mundo y de sí, no de un grupo. Nos afirma también que se tiene la capacidad de elegir vivir o morir, pero no, la capacidad de decidir si existir o no hacerlo.
Cada ser será libre de elegir su manera de vivir, depende de él, el aceptar los condicionamientos del ambiente social o histórico. “El ejercicio de la libertad sólo determina la forma de existencia” Jean Paul Sartre.



[1] Sartre, Jean Paul. El ser y la nada, Argentina, Ed. Losada, 2004.
[2] Sartre, Jean Paul. El existencialismo es un humanismo, España, EDHASA, 2007.
[3] Sartre, Jean Paul. La nausea, México, Ed. Época, 2005.
[4] Sartre, Jean Paul. Citado por: Arias, Páramo Mariano, “Jean Paul Sartre vivo”, En: El basilisco no. 11, noviembre-diciembre 1980. www.fgbueno.es.
[5] Hobbes, Thomas. Leviatán, 5ª edición, México, Ediciones Gernika, 2005.
[6] Sartre, Jean Paul. Crítica de la razón dialéctica, (dos tomos), Argentina, Ed. Losada, 2004.

1 comentario:

Omar dijo...

jejeje q buen blog, carnalitos, se me hizo muy buena su ponencia en el eneh, unas felicitaciones, y espero q anden chido...