domingo, 16 de mayo de 2010

La historiografía del Porfiriato

Qué tal!! Yo soy Fernando Juárez Rodríguez.
Soy de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, del colegio de Historia.
Me incorporo a la investigación de nuevos cuadros teóricos en la historia, ya que es necesario comenzar a simentar una teoría que sea de México aplicada a nuestra condición social.
Les comparto está investigación que hice sobre la historiografía en el porfiriato y espero sus críticas.
Mi correo es: fer.juarez86@gmail.com
A la llegada del siglo en el que la investigación científica comienza a tener un mayor auge en la explicación con el devenir humano, inicia el asenso de las ciencias en todo el campo de las investigaciones, y por supuesto, la historia no se queda atrás. En nuestro caso mexicano, la ciencia aún debate con su enemiga, que ella misma autonombra, la iglesia. Pero estás discusiones atienden no sólo al debate sobre la explicación del origen de las cosas y el devenir humano-social; sino también por quienes tomarán las “riendas” de la política del país. Dos concepciones: una providencialista y otra científica o como al inicia de esta pugna es liberal. El mantener el orden y las prácticas del antiguo régimen atienden por mantener la tradición de los órdenes sociales y la administración por parte de la iglesia en la política, sin embargo se ha logrado una independencia de la corona española, pero aún persiste la idea de una monarquía propia. Con el segundo intento de querer traer una corona europea a México y que su derrota fue inevitable por circunstancias alternas, pero que también correspondían a los asuntos de esta supuesta corona, el triunfo de los liberalistas es inevitable.
De esta forma, se funda la Reforma y esta oleada de liberalistas comienza a tomar el poder en el país; sin embargo, existe un descontento entre estos grupos y comienza a crearse una contraposición el gobierno juarista y se instala en el poder-tras la muerte de Juárez-el gobierno de Porfirio Díaz. Trayendo así la praxis de los ideales liberales, desde luego se comienza a crear un nuevo orden en la ciudadanía y por supuesto una nueva idea de nación. Y la mejor forma para comenzar a cooptar a un país tan dividido, y pasar de un sentimiento regional a uno nacional, será la formación de esta insipiente identidad nacional con la enseñanza de la historia.
De esta manera, en el presente trabajo se abordará el tema de la historiografía del Porfiriato. El cómo se enseña esta historia unificadora y moralizante, que tiene su fundamentación teórica a partir de las tesis del positivismo. Filosofía, que comienza a estar en boga en Europa-como es de esperarse- y cómo llega a nuestro país con aquellos jóvenes estudiantes que emigran al viejo mundo para traer estas nuevas ideas e implementarlas en la disciplina histórica, de tal forma que junto con el darwinismo se le da un sentido evolutivo a la historia del hombre, en el cual encaja de forma idónea para los propósitos de la conformación de esta identidad nacional, clamándola de héroes y villanos que luchan a por el bien de su patria y la liberación de la misma de las manos usurpadoras que creen tomar el curso de este país. Es así como la historiografía del Porfiriato adopta al positivismo como teoría oficial para hacer una nueva historia-patria que sea científica, generalizadora, educadora y oficial. Esta historia será llamada en la segunda mitad del siglo XX, como la historia de bronce, denominada así por el historiador michoacano Luis González.


Hablar de la historiografía del Porfiriato, es hablar de aquellos hombres intelectuales, cuya formación no era propiamente en el oficio de historiar, sino que eran abogados, médicos, literatos y en el caso de Justo Sierra que al parecer era de los pocos que si pertenecían a la formación histórica[1]. De esta manera comenzaremos a hablar sobre el como llega el positivismo a México, que cuya ideología adoptada era el liberalismo que en los siguientes años causará revuelta entre estas dos concepciones, pero de esto nos encargaremos líneas mas adelante.
Alumno directo de August Comte, Gabino Barreda, nació en la ciudad de Puebla el 19 de 1818 y murió el 10 de marzo 1881. Hizo la carrera de abogado y después la de medicina. En 1847 lucha contra la intervención norteamericana; meses mas tarde marcha a Francia y no regresa hasta 1851. En París, se encuentra con Pedro Contreras Elizalde que le pone en relaciones con August Comte, el cual había iniciado el 11 de marzo de 1849 el “Curso de filosofía sobre la historia general de la humanidad”. En 1851, una vez que obtiene el diploma de doctor de la escuela de medicina, regresa Barreda a México. De 1863 a 1867, años en que los liberales mexicanos luchan contra la intervención de Napoleón III, Barreda fija su domicilio en la ciudad de Guanajuato donde ejerce la medicina al mismo tiempo que medita sobre la filosofía de Comte. El 2 de diciembre de 1867 se publica la ley que orientaba y reglamentaba la instrucción en México, desde la primaria hasta la profesional, incluyendo la preparatoria. Estas reglamentaciones traían con sí la filosofía positivista.[2]
El positivismo mexicano, así como el comtismo tiene su explicación en cuanto a la ideología de un determinado grupo social, en la misma forma el positivismo mexicano, fue a su vez expresión de un determinado grupo social,[3]este grupo social tiene su origen en las clases altas, las que tenían el lujo de poder ir a estudiar al extranjero y su papel en la política nacional tenía gran peso ante las decisiones que se tomaban para el país. Desde luego que esta educación era trasmitida para este grupo social y no para el pueblo en general, ya que aunque se quería hacer que esta filosofía fuera destinada para el hombre, habría que crear primero al “nuevo hombre” y después poder transmitir estas nuevas ideas que ayudarían a encontrar el nuevo curso a esta nación en construcción. Justo Sierra, habla de una burguesía. A este grupo social asigna Sierra el triunfo de la Reforma constitucional, ya que en la guerra entre liberales y conservadores, cuyos victoriosos fueron los primeros y que Sierra los asigna como burguesía. Esta clase social alcanzaría su máximo desarrollo con el Porfiriato.
Los positivistas mexicanos identificaron, al igual que Comte en Europa, los intereses de la clase que representan los intereses de la nación mexicana. El positivismo, se interpreta en México en términos no abstractos; sino concretos, casi en términos de política militante, ante estos intereses se vieron los conceptos de Comte, el progreso, en el caso de la historia de México, estaba representado por tres etapas: el estado teológico, el metafísico y el positivo. El estado teológico: en este estadio es cuando el devenir humano esta bajo una visión providencialista, en donde el dominio social y político estaba en manos del clero y de la iglesia. En términos de la historia de México se ejemplifica con el pasado colonial, en donde el orden estaba regido con una ley divina y que aunque a pesar de que existía una división entre gobierno y clero, el clero fungía como segunda opinión-en algunos casos primera-, sin embargo buena parte de los asuntos sociales pertenecían a la iglesia; nacimientos, defunciones, matrimonios, etc.
El segundo estado del pasado humano estaba en el nivel metafísico, identificado como la época de las grandes revueltas, lucha entre los liberales y los conservadores. A pesar de que el orden divino ya esta casi suprimido, aún existían este grupo de hombres que buscaban la restauración del antiguo régimen y sus practicas retrogradas, en donde el carácter del hombre depende de un hombre cuyo poder se ve justificado por un decreto divino. Pero existe esta contraposición, en donde el hombre debe regirse por leyes sociales y no por las divinas, en donde el hombre es libre para comerciar entre sí y no hay un impedimento metafísico que le prohíba interactuar de manera comercial con sus semejantes. La culminación de este estado, en el caso mexicano, se da con el triunfo de al Reforma, pero aún no está instaurado un Estado de bienestar.
El tercer y último estado es el positivo. Se trata de una nueva era, en la cual el orden positivo venía a sustituir al orden teológico y al desarrollo metafísico. En donde el orden y el progreso es la bandera de este estado y se persigue un estado en el cual ya no se necesita la búsqueda de otro estadio. En la historia del país este estado de paz y progreso es reflejado en el Porfiriato.[4] Pareciera que este estadio alcanzo su objetivo metódico, Díaz comenzó a hacer lazos sociales en los cuales era muestra de que su proyecto se encaminaría hacia la modernización del país y llegar al lema del positivismo comtiano: orden, amor y progreso; sólo que en nuestro caso particular a la “mexicana”, se omitió la palabra amor, ya que podía confundirse con la moral pregonada por el primer estadio.
Y es aquí en donde se ve reflejada la historiografía del momento. En la obra de Justo Sierra, Evolución política del pueblo mexicano se nota claramente esta idea de los estadios del hombre. Su obra esta dividida de la siguiente manera: libro primero; las civilizaciones aborígenes y la conquista. En raizando el concepto de recuperación del pasado indígena, atendía a la necesidad de glorificar el pasado indígena y su aportación a mostrar que los indígenas prehispánicos eran grandes hombres constructores, tenían conocimientos de las matemáticas y la astronomía, en especial los indígenas del sur del territorio. Sin embargo, este aún no es un Estado formado como en la receta occidental, ya que había una serie de conflictos internos y se creía más en los estados digamos “regionales” o que en una nación generalizadora. También se pasa por la época en la que conquista española funda el primer ejemplo de los estados mostrado líneas arriba.
Libro segundo: el periodo colonial a la independencia, en esta apartado se habla de los primeros fundadores y pobladores de la Nueva España, sus conquistadores, los bienes naturales que encontraron a su arribo a estas nuevas tierras, las expediciones que hacen a lo largo del territorio y por su puesto no podía estar exiliado en esta mención el conquistador de la Nueva España: Hernán Cortés, la llegada de los pacificadores-ordenes mendicantes-, el crecimiento social, etc., hasta llegar al México independiente. Con la independencia, se cumple el ciclo del primer orden de la historia humana, según la tesis de positivismo; este es, el estadio teológico.
Libro tercero: La república. Este apartado, se divide en dos partes; la primera en La Anarquía, que comprende con el imperio y su primer emperador: Iturbide, las finanzas de la época, los partidos rudimentarios y con el fin de Iturbide; continúa con, la federación y militarismo, la constitución de 1824, la presidencia de Victoria, el federalismo revolucionario de Guerrero, etc. Y finaliza esta primera parte con: el centralismo y el conflicto con Estados Unidos, Texas y Santa Ana, la primera constitución centralista, los norteamericanos en el corazón del país y la paz del cuarenta y ocho. La segunda parte de este apartado consta con La Reforma, y consiste con: reorganización y reacción, pacificación de Yucatán, Presidencia de Arista, mercantilismo y militarismo, la guerra de reforma, llegada de Maximiliano, la intervención, las deudas con los países europeos, etc. De esta manera, se pasa con el segundo estadio del positivismo, la era de la metafísica.
Y por último de la obra, habla de la época del Porfiriato, en donde ya no existe el conflicto social[5], en donde se pregona el orden y pax social. Con esta obra de unos de los positivistas más destacados del régimen, se presenta claro la influencia de querer mantener un orden desde el plano político con la utilización del método, y no a partir del enriquecimiento mental. De tal manera que la enseñanza de historia cobra sentido, a partir de querer formar a un nuevo ciudadano mexicano, con un sentimiento favorable hacia su pasado ausente y desconocido en ese momento. Cabe señalar, que la enseñanza de la historia, no se imparte a gente adulta, sino a jóvenes. La historia se convierte en pedagogía, reestructura el pasado en función del fin buscado, el de dar a conocer a la juventud mexicana los buenos principios liberales, para hacerlo ante todo mexicana, patriota, liberal, republicana, y entusiasta del pueblo y de la Reforma. La historia de la nación se convierte en historia sagrada, en donde el comunicador del pasado se convierte en el presbítero del pasado, aquel que santifica el pasado a partir de la idolatría del pasado, y que con los sermones moralizantes de aquellos héroes que dieron su vida por la conformación de la nación y que con sangre lograron heredar su lucha y sus acciones épicas para que el gobierno positivo pudiera termina el ciclo del proceso del humano ante su participación social[6], tiene sus “santos y sus traidores”, “virtudes sublimes, y sus vicios degradantes. El gobierno porfirista, apoyo la elaboración de una historiografía cuyo objetivo era presentar una idea de la unidad nacional que fatalmente inhibió la manifestación de la historia local y regional.[7] Algunos de los ejemplos de esta producción historiográfica son aquellos libros que se publicaron para la enseñanza de la historia y el civismo en la escuela primaria. El problema que se enfrentan estos libros ante el prime cuestionamiento ¿cómo se harán las publicaciones de esta historia patria? El único referente que podía tener estos autores, es el ejemplo de los libros de catecismo que se ocupaban para la enseñanza de la religión y su historia, debido a que el primer libro de texto fue llamado Catecismo elemental de la historia de México, de J.M. Roa Bárcena. Otros que fueron publicados más o menos por época fueron el Compendio de historia de México, de Manuel Rivera Cambas, y otro del mismo nombre, de Antonio García Cubas, así como Julio Zárate y Manuel Payno, que fue aprobada por la Compañía Lancasteriana de México y la Comisión de Instrucción Pública.[8] Problemas que corresponden a una nueva forma o titulación de las publicaciones, rompe con la idea del positivismo en su fase positiva, ya que se tiene que recurrir a lo ya aplicado por el antiguo método de enseñanza en la titulación de las obras, de tal forma que no hay un punto de referencia propio ante como publicar los libros que contenían la nueva forma de explicar la historia.
Sin embargo, la élite intelectual o estos nuevos ideólogos no tomaron estos puntos en cuenta. El primer punto de referencia para los educandos sería su método anterior de enseñanza, provocando pecados de confusión y no el mensaje de la historia unificante en la que la particularidad debería ser una idea extinta y darle vida a la idea de lo conjunto. Estos problemas llevan a cuestionarnos otros posibles problemas, ¿al momento de que estos nuevos historiadores o maestros se les enseñaba la “moda” de este método, en verdad sabían aplicar las ideas positivistas en la historiografía de la época? ¿acaso el problema del título de las obras era un problema porque ellos tampoco sabían asimilar el positivismo en la realidad mexicana del siglo XIX? A pesar de que al inicio de la investigación se ha mencionado que este método era enseñado en sus inicios a la élite intelectual y burguesa.[9] No quiere decir que ellos aplicaran en verdad el conocimiento netamente positivista, ya que ellos no se declaraban en su totalidad positivistas, es más declaraban que ni el propio Comte era positivista en su totalidad. Sin embargo, en esta investigación no podríamos demostrar si en verdad aplicaban los conceptos positivistas estos nuevos científicos, ya que no conocemos la filosofía positivista en su totalidad.
De esta manera nos remitimos a otro problema dado en el Porfiriato, como se da esta transición de ideologías: de liberalismo a positivismo. Una explicación pronta ante este problema puede resultar de la siguiente forma. Si recordamos la primera generación del Porfiriato, que estaba formada por aquellos compañeros y amigos de guerra del general Díaz, en cuyas mentes el ideario de liberalismo tenía que mantenerse latente para poder derrotar a los conservadores y su idea de crecimiento hacia dentro. El desarrollo de pequeños propietarios y la liberación del comercio era una de las bases fundamentales del liberalismo mexicano.
Sin embargo, se tenía que reformar el régimen porfirista y poner a estos nuevos “jóvenes” científicos, aunque el positivismo no fue propio del Porfiriato, es en este periodo en donde se utiliza como ideología oficial, aunque los gobernantes de la primera generación porfirista no se declaraban positivistas, al contrario. Aunque el positivismo ha sido la ideología oficial del régimen porfirista. Suponen también que es una ruptura con el liberalismo que le precede.[10] De manera ideológica, el choque de estás dos teorías causa un desequilibrio en el régimen porfirista, ya que una buena parte quería mantener al liberalismo vigente, otro sector aceleraba el paso del positivismo en la política del régimen. De manera que en la investigación histórica dentro del período tenía por fin encontrar verdades absolutas, bajo un sistema metodológico con la utilización de fuentes de primera y fundamentar como verdad lo dicho por el documento, los positivistas asumían que su verdad llegaba al terreno de lo absoluto y único como cierto, ya que la filosofía positiva y el método positivo, eran la filosofía y la metodología verdaderas y que las demás filosofías no eran sino el producto de conciencias no emancipadas.
Otra de las razones de la adopción oficial de esta filosofía, tenía que ver con la gran admiración hacia la cultura francesa, ya que en su mayor parte las expresiones culturales de Francia, eran adoptadas o imitadas por el régimen porfirista. Pero, ¿será mero gusto por la cultura francesa? Ante una probable respuesta, tal parece que se quiere repetir la idea de un ícono inmortal a partir de sus acciones, con las comparaciones que buscaba Díaz junto a los héroes de la patria, tal pareciera que se quería hacer él, el continuador del proceso de independencia y soberanía que se buscaba en el país. De tal manera que para dar mayor explicación a este fenómeno, se adopta la cultura gala como sinónimo de progreso, un progreso creado desde la insurrección independentista y el que continuaría con este proceso sería Porfirio Díaz Mori.
A manera de conclusión, durante el siglo XIX se desarrolló una interesante tensión entre la historiografía y filosofía de la historia para dar cabida, al final, a la teoría y metodología de la historia. El desarrollo historiográfico hizo que se desconfiara paulatinamente de la filosofía especulativa de la historia, que se le viera como el reino de las generaciones, frente a la fuerte base empírica que sustentaba la historiografía. Se fue elaborando una ruptura entre la historia moderna científica y las anteriores, simplemente narrativas o filosóficas. El cientificismo de la historiografía siguió dos vertientes: la del empirismo proporcionado por la nueva apreciación de las fuentes en las que podía basarse el texto histórico, y la del positivismo, es decir, los mecanismos inductivos y deductivos que permitan extraer leyes de la historia y, con base en ellas, interpretar los hechos. La historiografía comenzó a transitar por dos caminos principales; para ambos fue muy cara la aparición de los hechos. La historiografía auténticamente positivista es la que, basada en hechos comprobados y ciertos, busca establecer leyes que permitan dar explicaciones científicas del aconteces. Pero, tal pareciera que esta necesidad de comprobación se ve equivoca de rama, ya que el método de comparación se torna ajeno a la investigación histórica, ya que como herencia del positivismo se quiere poner a la historia a la par que las ciencias biológicas: observación, descripción y comprobación.
El problema de confusión entre ciencias, provoca que la historia pierda su carácter de ciencia de lo social y analista de sociedades, se convierte más en un método de posible exactitud, que una ciencia demostrativa del comportamiento humano en su traslado de un comportamiento a otro. Sin embargo, tal parece que se crea cada vez más un atraso en la investigación histórica, ya que mucho de la investigación actual se sigue haciendo bajo los lineamientos del positivismo, dándole así mayor peso al hecho construido por el historiador, que a la reflexión de ese acontecimiento que da origen a suinterpretación histórica.













Bibliografía
· Arellano, Verónica y Garay, Claudia. De elogios y querellas: El libro de texto de historia (1859-1959). Fascículos coleccionables, proceso BI-Centenario núm. 7, México 2009.
· Florescano, Enrique. Historia de las historias de la nación mexicana. Taurus, México 2007.
· Guerra, François Xavier. Del antiguo régimen a la revolución. Tomo I. FCE, México 1995.
· Sierra, Justo. Evolución política del pueblo mexicano. FCE, México 1957.
· __________. Obras completas I. UNAM, México 1977.
· Rovira Gaspar, María del Carmen. Justo Sierra ante la condición humana en Saladino García, Alberto (compilador) Humanismo mexicano del siglo XX. Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, Tomo 1.
· Matute Aguilar, Álvaro. Pensamiento historiográfico del siglo XX. La desintegración del positivismo (1911-1935).FCE, México 1977.
· Zea, Leopoldo. El positivismo en México: nacimiento, apogeo y decadencia. FCE, México 1988.

[1] María del Carmen Rovira Gaspar. Justo Sierra ante la condición humana en Alberto Saladino García (compilador) Humanismo mexicano del siglo XX, Universidad Autónoma del Estado de México, México 2004. Tomo I, p. 121.
[2] Leopoldo Zea. El positivismo en México: nacimiento, apogeo y decadencia. FCE, México 1988 (quinta reimpresión) p. 55.
[3] Op. Cit. p. 46.
[4] Ibídem. P.50.
[5] Justo Sierra. Evolución política del pueblo mexicano. UNAM, México 1957.
[6]François Xavier Guerra. Del antiguo régimen a la revolución (tomo I). FCE, México 1991.pp. 430-431.
[7] Enrique Florescano. Historia de las historias de la nación mexicana. Taurus, México 2007. P. 361.
[8] Verónica Arellano y Claudia Garay. De elogios y querellas: El libro de texto de historia (1859-1959) en proceso Bi-Centenario núm. 7, México 2009. P.16.
[9] Leopoldo Zea. Op. Cit.
[10] François Xavier Guerra. Op. Cit. p. 378.

miércoles, 12 de mayo de 2010

La imagen de Zapata posrevolucionaria

La imagen de Zapata pos revolucionaria

A manera de introducción.
El medio visual se ha sido desde siempre una forma más de comunicación. Pero en épocas en donde lo visual predomina en un mundo influenciado por imágenes, responde a la necesidad de de poner la mirada hacia otros campos de la investigación histórica y centrarnos ahora en lo que la sociedad está consumiendo. Por lo tanto, el presente ensayo atiende, a estas necesidades visuales de la sociedad- mexicana- y sobre todo dar una propuesta más con respecto a la imagen de Zapata y como este representa al tropos del héroe trágico[1], salvador y guía de las causas gustas en los problemas que competen a la sociedad cotidianamente, pero esta imagen es una construcción que tanto medios de comunicación, gobierno y sociedad han creado para legitimar su estancia en el poder o su ausencia en el mismo.
Cabe mencionar que atenderemos la necesidad reflejada en el sentido popular. Ya que Zapata ha sido el “héroe” nacional más aclamado por este sector social, distintos movimientos sociales lo han adoptado como su guía ideológico y hasta moral ya que justifica la presencia del movimiento en turno. Eso sucedió con el movimiento Zapatista de 1994; ya que por epígrafe tenía: Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), llevando el nombre de “Zapatista” dándole sentido ha que era-o es- un movimiento agrarista con el apoyo de un fuerte grupo de indígenas chiapanecos. O, pasando a un ejemplo un poco más común, las consignas alzadas en las manifestaciones populares[2] como la muy mencionada frase: “si Zapata viviera con nosotros estuviera”[3]. Si tomamos en cuenta esta frase, notamos que hay una retórica del héroe como liberador del pueblo y alentador de las causas rebeldes. Pero estas frases, aparte de ser mencionadas, van también escritas y por supuesto acompañadas de una imagen de Zapata.
La investigación, se divide de la siguiente forma: en la primera parte hablaremos de manera breve, sobre la vida de Zapata y su acción en el movimiento revolucionaria. Después, se hará un análisis de las imágenes recaudadas de Zapata a lo largo de nuestra investigación. Cabe aclarar que no delimitamos un espacio-tiempo con respecto a las imágenes, ya que consideramos que la imagen habla más que el tiempo y el tiempo también determinan la imagen en la que esta se crea.
Por último, se tocarán las conclusiones y la vigencia de la imagen de Zapata en la sociedad actual y como se está retomando no solo la imagen de este revolucionario morelense, sino también las imágenes de otros personajes subversivos de principios del siglo XX.


Primera parte
Acerca de Zapata.
Nacido en San Miguel Anenecuilco, Morelos el 8 de agosto de 1879, Emiliano Zapata era un joven Morelense que estaba dedicado a las producciones agrícolas y ganaderas, negocios que eran atendidos por su familia, hijo de Gabriel Zapata y de Cleofás Salazar, Emiliano era el noveno de diez hijos. En el año de 1909, el estado de Morelos proclamó una nueva ley de bienes raíces que consignaba por completo el predominio de los hacendados sobre los pueblos y las comunidades campesinas. En Anenecuilco, por ejemplo, los cuatro ancianos que componían el consejo de regente de la aldea se sintieron con fuerzas para enfrentarse al reto y el 12 de septiembre de 1909 convocaron a una asamblea de vecinos para elegir nuevos representantes. Ya no se necesitaba la sabiduría de la edad, sino la fuerza y la resolución de la juventud. La asamblea fue convocada de forma clandestina, para que no se enteraran los capataces de las haciendas, y a ella asistieron entre 75 y 80 hombres que representaban a los 400 habitantes de la aldea. Para ocupar el cargo de presidente del consejo se presentaron cuatro candidatos y en la votación Emiliano Zapata fue elegido por mayoría.
Emiliano Zapata vivía en una casa de adobe y no en una humilde choza, pese a lo cual era considerado por todos los habitantes de Anenecuilco como uno de los suyos. Nunca lo habían llamado don Emiliano, sino que era simplemente “el Miliano” un hombre que bebía menos que la mayoría y que, aun cuando lo hacía, parecía más dueño de si mismo que los demás. Era el mejor domador de caballos de la región, y los hacendados recurrían a sus servicios. El nuevo consejo de Anenecuilco, con su presidente Zapata al frente, recurrió al procedimiento habitual de tratar con abogados de la capital para defender sus derechos y hacer valer sus títulos de propiedad. La mayor parte de las personas con las que se entrevistaron eran destacadas opositores al régimen de Díaz, lo que influyó en que Emiliano Zapata fuera reclutado en el ejército el 11 de febrero de 1910. Sin embargo, sólo permaneció en filas durante un mes y medio, pues Ignacio de la Torre y Mier, yerno del presidente Díaz-y dueño de la mejor hacienda del estado y tal vez de la República-, conocía su habilidad con los caballos y logró que le diera la licencia a cambio de trabajar como caballerizo mayor en sus establos de la ciudad de México. Zapata pasó poco tiempo en la capital donde, según sus propias palabras, los caballos vivían en establos que avergonzaban las casas de cualquier trabajador de Morelos. Cuando llegó a Anenecuilco, sus paisanos se encontraban en un callejón sin salida. Era la época de la siembra y gran parte de sus tierras estaba en disputa con la hacienda del Hospital, que apoyaba por las autoridades no permitía sembrar en la zona en litigio. La hacienda podía esperar, porque tenía otras tierras de cultivo era la caña de azúcar. Pero los campesinos luchaban por su subsistencia, pues lo que deseaban plantar era su poco maíz, fríjoles, etc. El administrador de la hacienda quiso dar una elección ejemplar y arrendó las tierras en la disputa a los agricultores de Villa de Ayala, la cabecera del distrito a la que pertenecía Anenecuilco. Zapata, decide actuar: armó a unos ochenta hombres del pueblo y empezó a repartir lotes entre las familias de su aldea después de obligar a que se retiraran los de Ayala y la guardia de su hacienda. El ejemplo cundió, otros pueblos, entre ellos Villa de Ayala, acudieron a él para recuperar sus tierras y, en el invierno de 1909-1910, Zapata, convertido en presidente del comité defensa de Villa de Ayala, era la autoridad efectiva de una amplia zona, gracias a que había reunido una potencia de fuego suficiente para imponer sus decisiones y también a que el gobierno tenía preocupaciones mayores que atender.
El general Díaz, que había dejado entender que se retiraría de la política después de gobernar durante más de treinta años, anunció a principios de 1910 que se presentaba a una nueva reelección. También presentó su candidatura a la presidencia de la república Francisco I. Madero, un terrateniente del norte del país. Pero Madero, fue apresado al iniciar su campaña electoral y tuvo que refugiarse en Estados Unidos. Desde allí lanzó un llamado a la rebelión en contra de Díaz, consiguió aglutinar el descontento contra el presidente e inició la lucha armada. En Morelos, en pero, el comité de defensa, que tan buenos resultados obtenía en la recuperación de la tierra, siguió actuando en solitario. Zapata, antes de unirse a la rebelión, quería poner en claro si los maderistas deseaban el problema agrario y, en caso de ser así quería tener en su poder nombramientos formales que evitaran las acusaciones de bandidismo. Otras partidas de Morelos se lanzaron a la guerrilla, pero Zapata esperó a que no quedara ninguna duda sobre los dos temas que le preocupaban: la tierra y los nombramientos. Finalmente, Madero encargó la dirección de la rebelión en Morelos a Pablo Torres Burgos, quien nombró a Emiliano Zapata coronel. Ya había llegado de lanzarse a la batalla. En marzo de 1911, Torres Burgos fue asesinado por los federales y Zapata fue elegido general y Jefe Supremo del Movimiento Revolucionario del Sur. A mediados de mayo, mientras maderistas y porfiristas ya negociaban en Estados Unidos y los hacendados de Morelos maniobraban políticamente para no perder privilegios en la nueva situación que se avecinaba, Zapata decidió su posición de máximo dirigente maderista en su estado mediante una acción bélica de envergadura. El 19 de mayo, después de seis días de batalla, conquistó Cuautla, un a base sólida para controlar Morelos y una base política y militar de primera magnitud. A continuación, ordenó el reparto de tierras en su zona. El 25 de mayo, Díaz renunció a la presidencia, que fue asumida interinamente por el porfirista Francisco León de la Barra. Madero entró en la ciudad de México el 7 de junio y al día siguiente conferenció con Zapata, quien quería garantizar con respecto a la cuestión agraria. Madero trató de convencerlo de que desarmara a sus hombres. Zapata se levantó, apuntó con su carabina al respetado dirigente y le explicó que como iba armado podía quitarle su cadena de oro y su reloj, pero que no podría hacerlo si ambos llevasen armas[4]. Madero insistió, prometió soluciones y ofreció a Zapata el cargo de jefe de la policía del estado de Morelos, cuerpo al que podría incorporar a 400 de sus hombres. Zapata aceptó licenciar sus tropas y hombres 13 de junio 2500 zapatistas habían entregado las armas.
Convencido de que la situación estaba normalizada y de que podría abandonar su actividad política, el 26 de junio de 1911 Emiliano Zapata, que tenía al menos un hijo con otra mujer, contrajo matrimonio ante el presidente municipal de Villa de Ayala con Josefa Espejo, su novia desde hace tiempo. Pero la normalización no había llegado y ya nunca podría dedicarse a su vida privada. Los hacendados impidieron su nombramiento como jefe de la policía, ningún zapatista fue aceptado en ese cuerpo y sólo se le permitió conservar una escolta de cincuenta hombres armados. El acoso se incrementó y, pese a un primer intento de mediación de Madero, el ejército empezó a ocupar Morelos y a deshacer la obra de Zapata. El propio Emiliano Zapata estuvo a punto de ser capturado en la hacienda de Chinameca, pero logró escapar y días más tarde fue encontrado solo, a lomos de un burro, camino de las montañas. La brutal intervención del ejército, que aplicó la política de “recolonización” consistente en agrupar obligatoriamente a los campesinos en campos de concentración, en quemar los lugares evacuados y en tratar como enemigo a todo el que se encontrara fuera de esas reservas, dio mayor fuerza a la guerrilla, a la ahora se unieron también peones de las haciendas. Los zapatistas se agruparon y se fortalecieron, y a finales de octubre consiguieron tomar pueblos situados a menos de veinticinco kilómetros de la capital de la república.
Cuando el 6 de noviembre de 1911 Madero asumió la presidencia, Zapata concentró a sus hombres en los alrededores de Villa de Ayala a la espera de negociaciones. Sin embargo, Madero, presionado por los sectores conservadores y por el ejército, que ya preparaba de nuevo un ataque contra Morelos[5], exigió la rendición y la entrega de las armas. Zapata respondió con la publicación del Plan de Ayala, firmado el 15 de noviembre, un plan agrarista que sería su bandera irrenunciable y que años más tarde se convirtió en la base de la reforma agraria mexicana.[6] Se rompieron las hostilidades entre los revolucionarios oficiales y los agraristas. Madero nombró militar de Morelos al general Juvencio Robles, una de cuyas primeras medidas consistió en tomar como rehenes a la suegra, la hermana y dos cuñadas de Zapata. A continuación, aplicó nuevamente y de forma más dura la política de recolonización. La guerrilla creció, pero el gobierno dominaba las ciudades y, tras la situación de Robles por el general Felipe Ángeles, trató de poner en práctica una política reformista que restara apoyo social a Zapata, cuya familia fue liberada. Sin embargo, las rebeliones contra Madero y su asesinato en febrero de 1913 por órdenes de Victoriano Huerta, reavivaron el movimiento revolucionario en todo México.
Huerta necesitaba golpear espectacularmente a sus enemigos, por lo que encargó de nuevo a Robles la lucha contra zapatistas. La recolonización, las levas forzosas y las deportaciones de campesinos volvieron a radicalizar la lucha. Zapata se impuso en Morelos, mientras Venustiano Carranza, que como gobernador constitucional de Coahuila pretendía encarnar la legalidad frente a Huerta, agrupaba fuerzas y Pancho Vila ganaba terreno en el norte del país. Antes de establecer un frente común contra Huerta, Zapata, a cuyas filas se habían incorporado intelectuales procedentes de la casa del obrero mundial, exigió a sus posibles aliados la aceptación del Plan de Ayala; en caso contrario, seguiría su lucha agrarista en solitario. Carranza no incluyó en su programa las reivindicaciones obreras y campesinas y, cuando en julio de 1914 Huerta se vio obligado a abandonar el país, zapatistas y villistas se opusieron a su predominio. La convención de Aguascalientes, convocada para concretar a las diferentes facciones terminó con la retirada de los carrancistas y supuso un acercamiento ente Villa y Zapata que entraron en la capital del país en noviembre de 1914.
Carranza, cuyos proyectos de reforma eran mucho más moderados, no podía permitirse la supervivencia del zapatismo en Morelos y en diciembre de 1917 preparó una nueva ofensiva, que dejó de nuevo al mando de Pablo González. Pese que en esta ocasión González no entró en Morelos a sangre y fuego, sino que trato de implantar en el estado las reformas carrancistas y de pactar con los zapatistas moderados la guerrilla siguió activa, lo que representaba para Carranza una continúa incitación a la radicalización revolucionaria. Ante la imposibilidad de terminar con el movimiento, Carranza y González planearon el asesinato de Zapata. Con el señuelo de pasarse a su bando con armas y pertrechos, el coronel Jesús Guajardo atrajo a Emiliano Zapata hasta el lugar bien conocido por el líder sureño, la hacienda de Chinameca, de donde años atrás había escapado de otra ofensiva federal. Allí, Guajardo tenía apostados a sus casi mil soldados, Zapata y sus hombres de su escolta personal acudieron a la cita. El 10 de abril de 1919, al traspasar la puerta de la hacienda, los soldados que presentaban armas dispararon a quemarropa contra Emiliano Zapata, que cayó acribillado. Su cadáver fue trasladado a Cuautla y González hizo que el entierro fuera fotografiado y filmado.












Segunda Parte

Imágenes de Zapata posrevolucionarios
Después de haber dado un panorama general de la vida de Zapata, nos centraremos, ahora, a hacer un análisis de las imágenes que se han creado en el aspecto popular, y como la sociedad toma su imagen como el salvador de las demandas sociales a partir de los ideales que el perseguía. El héroe trágico[7], es el que la da sentido o justificación a los movimientos sociales y a los descontentos de la misma. De esta manera atenderemos el nuevo giro historiográfico de la observación de observaciones. Uno ejemplo de cómo se pretende darle este sentido a nuestra investigación-con respecto a lo que el receptor quiere entender de la imagen- es el ejemplo que da Bazandall. “percibir un cuadro del renacimiento, la distancia temporal que existe entre la mirada de un hombre del siglo XX y la de uno del siglo XVI. Si el cuadro no es el mismo para ambas miradas sociales es porque, en sentido estricto, éste sólo existe en las descripciones que cada sociedad de él (el cuadro). [8] Iniciemos haciendo un análisis sobre algunas fotografías de la época en la que Zapata participó en el movimiento rebelde.
En la presente imagen, se demuestra una de las grandes prácticas que tenía Zapata y de la cual le resultaba buenas aptitudes: el domar a los caballos. Zapata se muestra con una expresión seria, tomando la rienda con la mano izquierda y la derecha sobre la pierna del mismo lado. En la parte inferior de él a la altura de su pierna derecha, se encuentra una carabina; demostrando así su constante compromiso con el movimiento armado y la defensa de sus ideales por los cuales le daba sentido a su participación en la revolución. Peter Burke, menciona que las imágenes de aquellos hombres que hicieron eco en la sociedad, son mostrados por lo regular en un caballo, sinónimo de fuerza, liderazgo, valentía y todas las acepciones que la sociedad les ha otorgado a los liberadores trágicos.[9] Uno de los rasgos característicos que también se le han adjudicado a Zapata, era su continúa excelente vestimenta. A diferencia de los hombres que laboraban en el campo, Zapata mostraba una vestimenta atípica del sector por el que luchaba, sin embargo esto nunca fue impedimento para que fuera ovacionado por su pueblo y que fuera él su representante en la insurrección revolucionaria. Parece ser que es un ejemplo absurdo, pero si entendemos que en una sociedad que se rige por escala social, la presencia de un hombre con un aspecto diferente a la colectividad puede resultar de desconfianza para la comuna y más en una sociedad de principios del siglo XX, que si un hombre se acercaba al pueblo con vestimenta de aristócrata, se le daba la connotación de bandido ó de que iba a robar las propiedades de la comunidad. Por lo tanto éste es uno de de los éxitos de Zapata y que hizo que la gente no pusiera su atención en estos aspectos.
En la segunda imagen, se muestra un Zapata conversando con uno de sus compañeros de tropa-el nombre y la fecha de la imagen es una información con la que no contamos-, se puede percibir a un Zapata atento a lo que le está comunicando. El otro hombre de la imagen, porta un arma en su hombro izquierdo y trae puesto este característico sombrero grande que servía para hacer sombra del sol y así tener una mayor visibilidad de lo que ellos desarrollaban. Una vez más se muestra a un Zapata en montado en un caballo, otro sinónimo de superioridad, pero no de un superior déspota y altanero, sino de un superior que era atento con su tropa y que permitía escuchar a sus compañeros.
En la imagen inferior se encuentra Zapata con el general Manuel Asúnsolo, él entrega la ciudad de Cuernavaca al general Zapata, acompañados de sus estados mayores (abril de 1911) y del jefe revolucionario Abraham Martínez (derecha de Zapata)[10]. Como un buen líder revolucionario, este se mostraba acompañado de su gente. Zapata se muestra con un cigarro en la mano izquierda; en lo que respecta a los generales mantienen una expresión de desaire y flexionando las piernas y con la mirada perdida, pareciera ser que la decisión de entregar la ciudad a los zapatistas, no les fue grata.

Después del breve paseo por algunas imágenes de la época de Zapata, iniciaremos con lo que Samuel Brunk llama el “culto popular”. [11] Aquí, se comienza a dar un sentido a la imagen entre los logros del zapatismo (si es que queda alguno de ellos) y la ideología del guerrillero del sur, mesclado con un toque de iconografías que son procedentes de otras ideologías políticas-como en el caso de esta imagen que muestra dos elementos importantes de la bandera de la extinta URSS- y de creatividades que van desde los murales mexicanos, mantas de manifestaciones, mescla de héroes libertadores, etc.
Como se muestra en la imagen, está pintura refleja la lucha popular por los derechos; ahora no tan sólo de las causas campesinas, sino también obreras. Sobre el sombrero está el lema de Tierra y Libertad, epígrafe que mantenía el discurso zapatista para la justificación de su lucha armada. En la imagen se encuentran, como hemos mencionado líneas arriba, el martillo y la oz que son sostenidos por manos que se muestran grandes y ásperas, característica de las manos que laboran tanto en el campo como en las fábricas. En la parte inferior del sombrero de Zapata se notan dos iconográmas del socialismo: del lado izquierdo de la imagen el martillo y la os, y a la derecha la estrella socialista (sinónimo de libertad). Ahora vemos como se funde el lema de proletarios de todas las naciones uníos con el lema zapatista. Se asume la lucha de los oprimidos contra los opresores, y el respeto de los derechos laborales y agrarios. También vemos la expresión de un Zapata aguerrido, sosteniendo su fusil y cruzándole en el pecho sus carrileras de balas, dando a entender que él esta respaldando la lucha de las clases oprimidas y que su legado de combate estará presente hasta que la victoria sea para los que trabajan y no para los que nunca se sesean.
Cambiando las carrilleras de balas, por las mazorcas de maíz, en esta imagen recuerda al Zapata que lucha por bienestar de la tierra, recordando que el campesino es el dueño de la tierra. Nosotros no somos peces para vivir del mar, no somos aves para vivir del aire, somos hombres para vivir de la tierra. Así es como un campesino nicaragüense le recordaba a una antropóloga mexicana sobre el problema de la tierra en aquel país.[12] De esta misma forma es lo que la imagen nos pretende decir, la tierra es para quién la trabaja.
Entrando en la parte del sentido de pertenencia que debe tener el labrador de la tierra y que él es quién debe ser el responsable del cuidado de la tierra, me recuerda una frase de uno de los hijos de Zapata que decía: el campo no depende de las ciudades para vivir, la ciudad sí necesita del campo para poder vivir. Des esta forma, la imagen que está en la parte inferior, cuyo autor es Diego Rivera y pertenece al mural que está ubicado dentro de la Escuela de Chapingo, habla sobre la muerte de Zapata y de cómo el cuerpo pasa a ser alimento del campo; como un proceso más de la cadena alimenticia, Zapata por quién en nombre del campo luchó, ahora descansa bajo la tierra y sobre de él cresen las matas de maíz para poder alimentar al hombre, alimento que debe luchar constantemente para la continuidad de su especie y su cultura. Bien es sabido que el maíz es parte de la cultura mexicana y que cómo en las crisis alimenticias que se suscitaron en el año 2007: si maíz no hay país.
En esta litografía, se presente a los continuadores de Zapata, al frente se encuentra el “caudillo del sur”, atrás de él están dos mujeres incadas con los brazos levantados y es visible como se ve la sombra de ellas. Del lado derecho está uno de sus quehaceres favoritos, los caballos y en la parte superior de la imagen el galopar de los caballos, como si fuera la persecución de una batalla épica. Reforma, justicia y ley; son los lemas que las clases oprimidas continúan peleando. Ante un gobierno, que comenzó a adoptar las políticas neoliberales, en donde el despojo de las tierras de los campesinos fueron violadas por las grandes terratenientes. Un ejemplo de estás atrocidades fue lo que sucedió en el pueblo Cocoyoc, que siendo tierras de ex veteranos revolucionarios, fueron arrancadas de sus dueños, cuyos derechos los obtuvieron a sangre y fuego y rescataron a lo que ellos les pertense. Ahora, un grupo de tecnócratas violan sus derechos originales y se contraponen en sus discursos, autonombrandose herederos de la revolución y obteniendo ganancias impresionantes mientras el pueblo se muere de hambre.
Ante estas prácticas nauseabundas, una de las mejores formas de manifestar este descontento social, es la imagen. Por eso, se comienza a retomar el recuerdo pictórico del caudillo del sur.
Como parte de mostrar la historia de nuestro país en la conformación de un Estado-nación en las primeras décadas del siglo XX, el muralismo-como ya hemos mencionado-sirve para enseñar la historia de nuestro país. De esta forma, Diego Rivera cuyas ideas comulgaban con el pensamiento de liberación socialista, plasma en el Teatro Insurgentes a un Zapata con el lema Tierra y Libertad. Zapata sostiene en la mano derecha un antorcha encendida-símbolo de libertad- y en la mano izquierda una mazorca de maíz-símbolo de la tierra-. En la parte superior de la imagen hay cinco soldados zapatistas en combate en la parte alta como de un cerro, del lado inferior de la imagen hay un zapatista caído, que recuerda que la lucha por la tierra debe ir hasta el final ya que era uno de los propósitos de Zapata: luchar hasta morir.[13]
Como parte de la cultura mexicana y su satírica ante la muerte, el recuerda de Zapata no podía quedarse atrás. Un Zapata que su recuerdo aún no muere en el recuerdo de la colectividad, pero que la presencia (o ausencia) del movimiento revolucionario puede dejarse atrás. Aunque en años anteriores se había querido cancelar la conmemoración del movimiento revolucionario, por cuestiones de conflictos entre posiciones ideológicas. Es imposible que el Estado quiera romper con la memoria de la gente, el suceso revolucionario es algo que está bien plasmado en la memoria y romper con éste sería acabar con una parte de la memoria del pueblo. Aunque se quiere acabar con la educación revolucionario[14], el pueblo no permitirá que la revolución sea una sátira más de la muerte y que su pasado quede como está imagen: muerta.



Entrando en las cuestiones culturales, el mexicano tiende a mantener concepciones sobre la muerte: estás son la dualidad de la vida y como se quiere mantener viva la imagen Zapata. En la presente imagen vemos como se mezcla a Zapata vivo pero en con su ausencia en la terrenal, en un perfil típico con su sombrero, bigote y carrilleras y del otro lado se sustituye con la calavera, collar de jades y un tocado de plumas; mezclando el pasado prehispánico con la representación de uno de los últimos tlatoanis mexicas Moctezuma, haciendo así la fusión de dos héroes trágicos que combatieron por mantener su herencia cultural y la defensa de sus tierras. Una vez más, el negar la muerte de Zapata en la memoria colectiva, atiende a la necesidad de mantener vivo su recuerdo, de esta forma algunos veían a Zapata galopar por las montañas y regresar un día para continuar con la revolución. Zapata no estaba muerto. Asociado a la esperanza, se convirtió en una imagen constante mente reinventada, de espera de una promesa. Esta espera-herida del tiempo creó en la sociedad su propia terapia a fin de entender el dolor provocado por la ruptura. Como un principio de esperanza, estuvo asociado a otros personajes suspendidos en el tiempo maravilloso de los relámpagos de la historia y de la religión mexicana. Lo veían galopar como un ángel del Apocalipsis y lo asemejaban al arcángel San Miguel, matando a la bestia demoniaca. Pero también se volvió Quetzalcóatl, serpiente emplumada de paz y justicia que, al regresar, luchaba contra el dios del mal.[15]
Memoria y esperanza, dos cosas que han permitido que el recuerdo de la lucha armada zapatista tenga aun vigencia en los problemas que atienden a las demandas de los oprimidos, sus jefes históricos justifican su reclamo ante los problemas agrarios y que con el respaldo de ellos su lucha será justa por hacer valer sus derechos como herederos de la lucha de sus antepasados, asumiendo su compromiso social y entregando sus causas al pueblo.




La siguiente imagen, nos recuerda a dos pinturas famosas en la historia francesa, estas dos son: la toma de la Bastilla en la revolución francesa y la otro el cuadro de Napoleón Bonaparte montado en su caballo blanco. En esta imagen (de cuyo autor no conocemos su identidad) presenta a Zapata montado en un caballo blanco-en las imágenes anteriores vemos que Zapata no tenía un caballo de tal color- con la mano levantada y sosteniendo un fusil, alentando al pueblo a unirse al movimiento armado. De tras de él, se encuentran guerrilleros armados dispuestos a combatir; se puede apreciar un soldado tocando la corneta haciendo el llamado y alentando a la lucha, del lado izquierdo de la imagen hay un soldado abriendo fuego al aire demostrando valentía. Al fondo de la imagen se ve ondeando una bandera roja, retomando una vez más la lucha internacional de campesinos y obreros.
Un ejemplo más de la lucha revolucionaria es la mezcla entre los lemas de Zapata y la imagen. Bajo el título de: mas vale morir de pie que vivir arrodillado, se funde la idea de mantener la lucha y no permitir que los derechos de la tierra sean violados. De esta forma recordaba Zapata a Madero cual era la finalidad de su lucha:
-No, señor Madero; yo no me levanté en armas para conquistar haciendas; yo me levanté en armas para que se les restituyera a los pueblos lo que es suyo; y sepa, señor Madero, que a mí y al estado de Morelos, nos cumple usted lo que nos ha ofrecido, o a usted o a mí nos lleva la chingada[16]



De esta manera se demuestra el compromiso de la lucha revolucionaria, y que el objetivo del movimiento es por un solo interés: el campo. Estas declaraciones hacen que los campesinos refuercen su apoyo a Zapata, y desde luego el apoyo no sólo se ve manifestado con lo luchadores sociales de los primeros años de la revolución, sino también con aquellos que la lucha continúa por el reconocimiento de las tierras. Este compromiso se ve retomado por luchas posteriores a la revolución.
Las manifestaciones sociales se apoyan con estás declaraciones revolucionarias, en donde el único interés es la causa común. De esta forma, se muestra a una joven levantando dos imágenes, de dos luchadores revolucionarios: Emiliano Zapata y Ernesto el “Che” Guevara. Justificación social para la petición de las demandas sociales. Por un lado la liberación de América Latina y romper con el yugo de las políticas imperialistas. Del otro lado, la liberación del campo mexicano y la devolución de las tierras a quienes le pertenecen. En la imagen, se puede notar a esta joven alzando la voz y demostrando su descontento.
Sin embargo, como nos menciona Peter Burke la asesoría de la imagen quizá sea nueva como expresión, pero no como idea[17]. De esta forma la imagen puede tomar dos a significados con el uso de la imagen: de tal forma, que la imagen en el uso de los movimientos subversivos pueden sustituir o destruir la imagen de aquellos “héroes” trágicos.[18]


En la conformación de una identidad nacional, se ha tomado la imagen de Zapata para darle nombre a una buena cantidad de escuelas en el país. Un ejemplo de ello, es una escuela funda en los años treinta en el estado de Morelos; en la cual recibió del Congreso del estado de Morelos un retrato al óleo del “mártir del agrarismo nacional”, Emiliano Zapata; la escuela llevaría su nombre. Sin embargo, en otras latitudes donde la educación también ha sido golpeada por los intereses de unos cuantos y que los deseos de poder dar un mejor nivel de vida, no sólo económica sino también cultural, la población ha tomado una vez más la imagen del caudillo del sur para demandar la educación a la comunidad.
En esta imagen provoca un impacto fuerte en el receptor, en cuyo grado de demanda social es alto. En la pared de esta escuela ubicada en una comunidad chiapaneca, se muestra a Zapata con la mano izquierda levantada y sosteniendo una pancarta del Che Guevara y a su lado un zapatista mirando a Zapata y levanta la mano de igual forma que el revolucionario sureño. Tres revoluciones famosas del siglo XX se ven mescladas en esta imagen: el movimiento zapatista de inicios de siglo, comandado por Emiliano Zapata, la imagen del guerrillero argentino que cuya lucha fue llevada al triunfo en los años cincuentas en Cuba y el movimiento del EZLN a mediados de la década de los noventa del mismo siglo; cuyas demandas era evitar el Tratado de Libre Comercio, y darle prioridad al campesinado mexicano.
El guía moral del movimiento zapatista contemporáneo, fue aquel encapuchado, que parecía esconder su identidad para no ser identificado por el gobierno en turno, y así llevar a cabo la finalidad del EZLN, aquel hombre es: el subcomandante Marcos, cuyo discurso antineoliberalista, reclamaba lo logrado por el Zapatismo de principios de siglo. Ocupando la retórica del discurso zapatista de “libertad, justica y ley” el neozapatismo demandaba hacer valer los derechos agrarios y evitar que el gobierno neoliberalista usurpara el campo mexicano, porque la competencia del campesinado sería inútil ante los grandes monstruos internacionales. Se pronosticaba una desigualdad en las competencias de mercado; un campo golpeado y olvidado por autoridades incompetentes, quería ponerse a la par de los grandes mercados de América del norte. Situación fallida, pero hubo un grupo que se oponía a esta violenta competencia.
Nosotros nacimos de la noche, en ella vivimos y moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que lloran la noche, para a los que se les niega el día…para nosotros la dignidad insurrecta, para nosotros el futuro negado, para nosotros nada…libertad, justicia y ley.
De esta forma, se da un paseo en el olvido que se ha tenido ante los pueblos indígenas y campesinos. El EZLN, asume que el papel del indígena está remontado hacia el olvido, que la atención del gobierno ya no está centrado en las demandas del pueblo, sino en las demandas de su soberbia voraz, cuyo grupo de tecnócratas presta interés en la continuidad de su régimen promiscuo y no en el hambre del pueblo, cuya única demanda es el derecho a sobrevivir.




En el atropello de los derechos agrarios, el gobierno comienza a tomar medidas que violan los propósitos de la revolución. Tal es el caso del ejido de San Francisco Tlanltenco en el Estado de México. Esta imagen está puesta en una caseta donde los campesinos se cobijaban del frío, de la lluvia y del calor. En los quehaceres del campo era un lugar para guardar semillas y herramientas, para los trabajos de la agricultura y la ganadería. Actividades de las cuales muchas familias dependen para vivir, además era símbolo de lo que se ganó en la revolución: tierra y libertad.[19] En la imagen se aprecia a Zapata con tres personas, que al parecer son campesinos de la zona; lo interesante en que fue pintada en un lugar en el que sirve de refugio para la gente del ejido, como se menciona es donde se guarda las herramientas y también se refugia la gente ahí ante los cambios del clima. Se puede entender como el lugar de protección y que su protector los defenderá de todo mal, ya sea natural y por sus semejantes.
De esta forma podemos percibir los múltiples significados de la imagen de Zapata y como el pueblo se identifica con él.
Tercera parte
Conclusiones
Las imágenes nos permiten imaginar el pasado de un modelo más vivo, son forma importante como documento histórico y nos reflejan un testimonio ocular.[20] Empero, nos muestran una realidad que el creador de esa misma imagen quiere decir, ya que como el trabajo de interpretar las ausencias se mezcla con la necesidad de mostrar una realidad desde la prospectiva de los subalternos. Zapata tiene un gran número de connotaciones en el espacio de lo social; desde ser liberador de los oprimidos, hasta legitimar a los gobiernos posteriores a la revolución.
Héroe nacional, luchador social, bandido de propiedades, falso profeta, etc. El múltiple sentido ante la imagen de Zapata causa un efecto en la memoria colectiva de los mexicanos, el continuar con el recuerdo de aquellos revolucionarios que participaron para el derrocamiento de un régimen arcaico, hace sentir en la mente de los mexicanos que existió una persona que sobre puso sus los intereses del pueblo y dejo a un lado cualquier interés propio. En el margen de la conmemoración del centenario de la Revolución Mexicana, nos toca reflexionar como sociedad estos conceptos de “revolución”, ¿puede sonar como una evolución? O ¿es que no se sabe bien que es lo que con lleva la revolución? Pareciera ser que este conocimiento pertenece al sector intelectual; pero ¿de qué sirve que esta línea social tenga el conocimiento de esto, si no transfiere a quienes les hace falta entender este cambio?
En lo actual no se discute el término revolución, los intelectuales se van más por la vigencia de la revolución a escala de memoria que lo que conlleva el acontecimiento. En vísperas del aniversario de la revolución francesa, Pierre Chanuu tomó una posición radical, argumentando que si bien era inevitable conmemorar, no había nada que celebrar[21]. Y valla que no es grato celebrar 72 años de monopolio político priista, pero da suspiros de renovación ó cambio para la sociedad. Pareciera que hay un objetivo: enterrar a la revolución. Sin embargo, creo que se mantiene vigente la revolución, ya no como legalidad política, sino como recuerdo común. Tal es el caso que aun se mantienen organizaciones, escuelas, comunidades, etc., con nombre como Villa o Zapata, de esta forma el ideario de la revolución sigue presente en la memoria.[22]
La sobrevivencia de la revolución es un tema que puede dar sismos en las estructuras políticas del país. El regresar al discurso retórico del priismo como herederos de la revolución, sirve para querer mantener esa vigencia y hacer una renovación en la política mexicana, cuyo fin de subestimar la memoria de la gente haciendo creer que el PRI está “renovado”, le hará cambiar de opinión al pueblo. Por el otro lado, el recordar la revolución al panismo le puede causar un gran dolor de cabeza, ya que su principal enemigo tiene su pesebre ahí. Pero lo importante es que el pueblo mantenga la revolución como u movimiento de cambio que no sólo es propio de 1910: sino también del 2010.






Bibliografía

· Ávila Espinoza, Enrique. El ritual de Zapata en Fascículos coleccionables, Proceso Bi-Centenario núm. 2. México 2009. 34 p.
· De rojo C., Alba y López Castro, Rafael. Iconografía de Zapata. FCE, México 2000. 142p.
· Burke, Peter. Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Crítica, Madrid 2001. 285p.
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· Mendiola, Alfonso. El giro historiográfico: la observación de observaciones del pasado, en Historia y Grafía. Universidad Iberoamericana, núm. 15, 2001. 534p.
· Meyer, Jean. Un siglo de dudas, en ¿Qué no ha muerto de la Revolución mexicana? Revista Nexos, núm. 383 noviembre 2009. 101 p.
· Poniatowska, Elena. La noche de Tlatelolco. Era; México cuarta reimpresión 2001. 279p.
· Velázquez Albo, Marco. El tropos del héroe trágico entre la historia y la literatura. De Lev Tolstói a John Womack en Graffylia. BUAP Año 5, núm 7, primavera 2007. 127p.
· Katz, Friedrich. La guerra secreta en México. México: Era 1981.
· Katz, Friedrich. El descontento, insuficiente para generar otra revolución. La jornada, México 20 de noviembre del 2009.
· Knigth, Alan. La revolución mexicana. México: Grijalbo, 1997.
· Knigth, Alan. El gen vivo de un cuerpo muerto, en ¿Qué no ha muerto de la Revolución mexicana? Revista Nexos, núm. 383 noviembre 2009. 101p.
· Womack, John Jr. Zapata y la Revolución Mexicana. México: Siglo XXI, 1969.
· Documental: Los últimos zapatistas: héroes olvidados de Francesco Taboada Tabone, México 2000.
[1] Marco Velázquez Albo. El tropos del héroe trágico entre la historia y la literatura. De Lev Tolstói a John Womack. En Graffylia, BUAP. Año 5 No. 7 (2007) p. 107.
[2] Utilizo este concepto de popular a todas aquellas manifestaciones sociales, hechas por las clases oprimidas, llámese manifestaciones estudiantiles, marchas de sindicalistas, discursos de oposición, entre otros.
[3] Elena Poniatowska. La noche de Tlatelolco. Era, México (2001) p. 140.
[4] John Womack, Jr. Zapata y la revolución Mexicana, Siglo XXI, México 1976, p. 76.
[5] Op. Cit. P. 80.
[6] Esta bandera agrarista, sería el bastión de los pueblos oprimidos durante el largo siglo XX. A diferencia de lo que propone el historiador inglés Eric Hobsbawn, en el cual mira al siglo XX como el siglo “corto”, considero que no se podría mirar así a este siglo. Debido a que es uno de los siglos de mayor complejidad en la historia no sólo de México; sino también del mundo.
En el terreno de la historia agraria en México, la evolución de la tecnología en las herramientas agrarias, creo una serie de desigualdades de competencia entre los grandes monopolios agricultores y los humildes campesinos; esta desigualdad es por la adquisición e invención de la tecnología. Ésta creada en el siglo XX.
Eric Hobsbawn. Historia del siglo XX: 1914-1991. Crítica, Barcelona 2003; traducción al castellano por Juan Faci , Jordi Ainaud y Carmen Castells. Pp. 614.
[7] Marco Velázquez. Op. Cit.
[8] Baxandall, Modelos, 1989. Citado en: Alfonzo Mendiola. El giro historiográfico: la observación de observaciones del pasado, en Historia y Grafía, México, Universidad Iberoamericana, núm. 15, 2001. P. 501.
[9] Peter Burke. Visto y no visto: el uso de la imagen como documento histórico. Madrid, Crítica 2001. P. 155.
[10] Alba C. de Rojo y Rafael López Castro. Iconografía de Zapata. FCE. México, primera reimpresión 2000, p. 42.
[11] Samuel Brunk. El culto popular. Fascículos, proceso BI-CENTENARIO, núm 2, México. 2009. P. 22.
[12] “Los últimos zapatistas: héroes olvidados”.
[13] Alba C. de Rojo y Rafael López Castro. Op. Cit. p. 104.
[14] Entiéndase este concepto de “educación revolucionaria”, no lo que el Estado proporciona, sino lo que se enseña sobre la revolución.
[15] Fernando Matamoros Ponce. Memoria y utopía en México. Imaginarios en la génesis del neozapatismo. UV-BUAP. México 2005. P 167.
[16] Alba C. de Rojo. Op. Cit. p. 80.
[17] Peter Burke. Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Crítica, Madrid 2001. P. 94.
[18] Op. Cit. p. 100.
[19] http//www.unioncampesina.mx.tl/32250_AYER.ES.YA.HI
[20] Peter Burke. Op. Cit. p. 90.
[21] Jean Meyer. Un siglo de dudas. En: revista Nexos, núm. 383. México. Noviembre, 2009
[22] Entrevista a Friedrich Katz en el periódico La jornada 20 de noviembre del 2009.

martes, 5 de mayo de 2009

Nuevo Autor.

Nos complace, tener la participación de un nuevo autor en el blog.
Rafferty Campos Arteaga, compañero de la Facultad de Historia. Pronto algunos de sus trabajos estarán publicados.



Doble M. (Irving P. Mejía, y Benjamín M. Madrigal)

viernes, 1 de mayo de 2009

Arriba gris, abajo aún más

[ Este es un cuento que escribí hace unos meses. Las reflexiones que como resultado dieron, y las que me llevaron, previamente, a crearlo, circundan en la orilla del horizonte; del devenir.]

Irving P. Mejía.





“Arriba gris, abajo aún más”, Tenía razón. Parece que en algún lugar del mundo descubrieron un pozo de petroleo, evento insólito, creo que no fue mucho, no saben a ciencia cierta lo que harán con él, al menos eso fue lo que escuche hoy en la mañana, lo oí de dos ancianos que divagaban sobre los colores, era como ver la melancolía en sí misma, como cuando los recuerdos abruman, cuando el presente lo hace aún más.
Me acordé mucho del libro que me dio mi abuelo hace mucho, era un niño. Precisamente también empezaba el texto con una divagación sobre los colores. Un viejo libro de plastico, de esos como aquellos, los aún más antiquísmos de papel, por hojas. Me hubiera gustado vivir en aquellos tiempos, sin tanto ruido, cuando el silencio no era una utopía, cuando las aleaciones metálicas no eran base y vida del hombre.
El libro, tenía en la portada un mundo mitad de cristal, mitad de acero. Ahora me pregunto si el hombre, en su pensamiento creará el futuro, ¿será coincidencia?, ¿o las proyecciones en la mente humana se concretizan realmente?
El libro explicaba que cuando el petroleo se acabó y el espació para el cultivo exigió decidir si las cosechas serían para la alimentación de la humanidad o para abastecer los medios mecánicos y de transporte, algo que llamaron en aquellas épocas el biocombustible, se necesitaron tomar medidas radicales, medidas que nos han llevado a esta vida, a esta cotidianidad de rígido ambiente grisaceo; yo no sabía que la población mundial,entonces, era 6 veces menor que la de ahora.
Increible me sigue pareciendo que en el pasado se imaginaran un futuro hablando de imágenes como el de ahora, no he visto que se plasme la imagen de un mundo futuro para nosotros, las visiones más futuristas que he visto, son las de crear subplanetas, pero es algo que ya esta encima, ya sofoca. ¿Será que están por extinguirse muchos elementos? ¿O será que tendremos que vivir bajo los mismos materiales?
En tiempos remotos, explica también esa obra, con tantos automóviles dependientes de lo que fue la gasolina y después el biodisel, extintos ya, tuvieron que fundir cada auto, camión y cualquier transporte de ese tipo, porque no había (nada) que hacer con ellos, se tenían que hacer cada vez más tiraderos nuevos, cosa que reducía de nuevo el espacio del hombre.
Con la fundición de tanto desperdicio se crearon nuevas máquinas, si la electricidad ya era algo cotidiano, pasó a ser todo, así como lo es hasta ahora, junto con los avances que hacen del viento y del calor solar generadores de energía. Vivimos en medio de metal, de ruidos de metal, olor a metal.
Supe también que en la antigüedad hubo creaciones muy parecidas a las de ahora, como los molinos y siglos después las placas solares, estos aparatos rústicos, fueron desplazados por la energía electrica, por la gran maravilla que fueron las plantas hidroeléctricas, y por los “beneficios del petroleo”, es aquí donde me vuelvo a preguntar, ¿la mente humana genera las bases mecánicas de un futuro que ni siquiera alcanza a vislumbrar? Porque alguna persona ideo y materializó el molino, y quizá estuvo conciente de que algún día iba a ser desplazado por otro modelo, por una máquina, pero estoy seguro que jamás penso que después de ser desplazado sería retomado miles de años más tarde, ¿o sí?
Al tener el hombre un nuevo horizonte, le es imposible, pensar en lo que hay más allá, después de los límites de eso que llama horizonte que fue su futuro, y es nuestro pasado. Se que existieron filósofos que divagaron sobre el futuro del futuro, y muchas cosas resultaron concretadas, es cierto, pero fueron análisis del hombre, de su situación de su porvenir de su devenir; pero no de las imágenes, de cómo sería el ambiente en el que habría de experimentar eso que explicaron.
Y bién dijo un autor de aquellas épocas, antes inclusive que los dilemas del petroleo y la materia base de los sistemás económicos; que el avance, progreso, es decir el paso adelante del hombre, no está en la visión del futuro, en la proyección del mismo, sino en las honduras de su problematismo presente, Buber fue el que hizo tal aseveración. Sin embargo nunca dijo que por eso el hombre no tuviera la capacidad de creer un futuro.
La convicción, las metas, los ideales etc. de los hombres han sido en veces sí y en otras no realizadas, pero de nuevo estamos hablando de hechos, no de ambientes, mucho menos de imágenes.
En la antigüedad existieron sociedades que rendían culto a seres creados en su cerebro, imágenes que fueron transmitidas, usando un discurso ahora histórico, a la colectividad. Esta colectividad puso sus acciones, su existencia, a estas creaciones que eran representación de la posibilidad de satisfacer sus necesidades. Entonces costruyeron un tiempo, el cual estructuraron para poder medir y separar la hora de sus actos, de su vida. Siglos más tarde, los avances tecnológicos dan muestra de que ese tipo de seres existieron pero en una época en la que ni siquiera extistía esta especie ahora humanizada. En su tiempo fueron simples creaciones, ideas, representaciones de necesidades, en el pasado fueron vigilia. Ahora en mi presente son irrelevantes.
Caso contrario, a lo que es ahora nuestro entorno, fue visión del pasado, algo no tangible, sin embargo, existió una cierta planeación, se colectivizó una imagen del futuro, ahora presente, sin imaginar, los problemas que tuvo que pasar la humanidad para llegar a crear un ambiente metálico, en el que ahora respiramos. ¿El hombre entonces creó o se dedicó a generar los problemas que habrían de llevarlo a esa visión del futuro, concientemente?
Regresamos a usar modelos de invenciones arcáicas que creyeron alguna vez obsoletas, las metalizamos, y robotizamos. Los sistemas, plantas y máquinas que suplantaron a los molinos, placas solares, sistemas hidraúlicos primitivos, pasaron a ser ahora piezas pretéritas inservibles, y estas regresaron a ser el medio de producción del hombre. Un proceso dialéctico el cual tuvo como síntesis, una naturaleza metálica, con un poco de cristal, de manera que cuando llueve: “arriba gris abajo aún más”.



[foto por: Rafferty Campos Arteaga; correo: ra_f_ferty@hotmail.com]

jueves, 15 de enero de 2009

La Orden del Temple




A lo largo de la historia nos toparemos con historiadores, e inclusive, con pueblos enteros que están forjados fajo un carácter mítico y supersticioso. Tal es el caso del pueblo mexica en América, los antiguos egipcios en África y los griegos en Europa, pero no hay otro relato que llene de emoción y de adrenalina a los historiadores como la historia de la Orden del Temple, o como se llamo en sus inicios La Santísima Orden de los Pobres Caballeros de Cristo.

Espero les guste.



LA ORDEN DEL TEMPLE: LA PRIMERA LÍNEA DEL EJÉRCITO CRUZADO.


En el año 1118, muy cerca del aniversario número veinte de la primera y exitosa cruzada, donde los fieles devotos de la iglesia católica representada por el papa Urbano II (cruzados), arrebataron de una manera sangrienta y despiadada la ciudad de Jerusalén a los turcos selyúcidas de la dinastía fatimita (musulmanes), nueve caballeros se presentaron ante el patriarca de Jerusalén con el propósito de llevar a cabo y cumplir un solo voto, vivir lo que restase de su vida en obediencia y castidad, sin pertenencia ni propiedad alguna, solo vivir entregados al servicio de Cristo, misión que se cumpliría inclusive por medio de las armas.

Así comenzó la epopeya de una de las ordenes más famosas de la edad media, de Europa y del mundo, y no solo en la época medieval, sino de toda la historia; creadora de mitos y leyendas que hasta hoy en día siguen dando pie a especulaciones sobre aventuras y secretos milenarios que, difícilmente dejaran de formar parte del folklore y la cultura popular.

Todo comenzó con un personaje de nombre Pedro y apodado el Ermitaño, quien era un peregrino que acudía con frecuencia a Tierra Santa. El Peregrino Pedro gozaba un puesto privilegiado en la iglesia y era un allegado del papa Víctor III. Tras haber realizado varios viajes a Jerusalén, Pedro convence al papa de intervenir en los conflictos guerreros que acechaban Tierra Santa, pero no es hasta el régimen de Urbano II que el propósito de Pedro es llevado a cabo; pues Víctor III solo duro un año como papa, y su sucesor Urbano II, fue quien proclamó la primer cruzada el 27 de noviembre de 1095, con la aprobación del concilio de Clermont y efectuando el siguiente discurso exhorta a todo el mundo cristiano a pelear por la causa de Cristo.

“Quienes lucharon antes en guerras privadas entre fieles, que combatan ahora contra los infieles y alcancen la victoria en una guerra que ya debía haber comenzado; que quienes hasta ayer eran bandidos se hagan soldados; que los que antes combatieron a sus hermanos luchen contra los bárbaros.[1]

Comprometeos desde ahora; que los guerreros solucionen ya sus asuntos y reúnan todo lo que hace falta para sus gastos; cuando acabe el invierno y llegue la primavera, que se pongan en movimiento, alegremente, para tomar el camino bajo la guía del Señor”. “El que quiera venir en pos de mi, niéguese así mismo, tome su cruz y sígame”[2] (Mateo 16,24) (Citado por Urbano II).

Las palabras del papa en turno ocasionaron un gran entusiasmo entre la sociedad de ese tiempo, un fenómeno de migración se llevo a cabo hacia Jerusalén, los asesinos, ladrones y toda clase de marginados se unieron al movimiento cruzado, tomando una retazo de tela roja y colocándosela en el pecho como signo de unión, se unieron a los ejércitos cristianos para luchar contra los infieles y lograr su redención. En toda la Europa cristiana se implementó una política de salvación por los ministros eclesiásticos, la propaganda fue tal que gente de todos los sectores sociales se unió al movimiento, pues “participar en esta guerra santa otorgara la salvación a todo aquel que luche contra los infieles en el nombre de Cristo”.[3]

Dentro de todo este entorno es donde surge la idea de Hugo de Payns, de formar una orden de caballeros obedientes y castos al servicio del pontífice y Cristo, una orden perfecta y única, que se someta a los ideales de la iglesia y pelee por causas justas.

Seguramente Hugo de Payns se alistó en la primera cruzada con menos de veinte años de edad, fue en ella donde al ver la entrega, la fe y las habilidades con la espada de los caballeros cruzados surgió en su mente la idea de crear una nueva orden religiosa – militar, en la cual podía combinar la fuerza del acero con la disciplina sacerdotal, teniendo como único ideal el servicio a Dios. Dentro de esta primera cruzada encontramos un desborde de fe enorme, y era de esperarse que pronto encontrara algunos compañeros de batalla a los cuales les agradara la idea, que compartieran sus mismos ideales y su concepción de vida.

Los primeros miembros, y fundadores, fueron nueve incluyendo a Hugo de Payns, los otros ocho eran sus compañeros dentro de las tropas que lideraba el Conde Hugo Vermandois, hermano de Felipe I, rey de Francia. Sus nombres eran: Geoffroy de Saint – Omer, Andrés de Montbard, Archamband de Saint – Aigman, Payer de Montidier, Godofredo Bisson, Gondemaro, Hugo Rigaud y Rolando.

Los nueve presentaron su cometido frente al patriarca de Jerusalén y juraron lealtad al rey de dicha ciudad, lo cual les valió para ganar la aprobación para crear la orden. En un principio funcionaban como una especie de policía peregrina, pues su encargo era cuidar a los miles de peregrinos cristianos que acudían a Tierra Santa, en especial por el estrecho camino que se formaba entre Jerusalén y el Puerto de Jaffa, el cual era escenario de numerosos asaltos.

El nombre de la orden, en un principio, fue el de: La Santísima Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, y durante los primeros nueve años no aceptaron ningún otro miembro. El cambio de nombre a Orden del Temple, o Caballeros Templarios, se dio a raíz de que tomaron como sede en Jerusalén el Templo del Rey Salomón. En un principio el Rey de la ciudad, Balduino II, los alojó en el ala sur del palacio, que era de su propiedad, justo donde alguna vez se localizaron los establos del Rey Salomón adyacentes a la imponente Cúpula de la Roca, pero después Balduino II les otorga el lugar para que establezcan su base militar. Es así como se conforma completamente la orden del temple, dice Guillermo de Tiro “como no tenían iglesia ni residencia, el Rey de Jerusalén – Balduino II – los alojó temporalmente en el ala sur de su palacio”.[4]

Como su primer nombre lo dice, realmente los inicios de la orden fueron muy modestos, se alimentaban con lo que la corona les daba, vivían de la caridad de los peregrinos y usaban ropa vieja que les era regalada por la gente de la ciudad, y aunque Guillermo de Tiro nos dice que “se sostenían con lo que las gentes les daban por la salvación de su alma”, pronto comenzaron a recibir donativos y rentas. Aquí es donde surgen la mayoría de las especulaciones acerca del verdadero objetivo de los Templarios en Tierra Santa, pues muchos historiadores consideran inconcebible la idea de que solo nueve caballeros fueran capaces de proteger a los miles de peregrinos que acudían frecuentemente, además de que las cartas, actas y documentos que se conservan de la fecha vinculados con la orden, prueban que hacia el 1126 ya contaban con más de quince caballeros y numerosos sirvientes y escuderos.

Las cosas que se dicen en torno a esto son diversas, algunos historiadores mencionan algo sobre una misteriosa y secreta excavación en los establos del templo, cuyo fin era encontrar alguna reliquia ancestral como el Arca de la Alianza, El Santo Grial, o el majestuoso e inmenso tesoro del Rey Salomón; algunos nos hablan sobre documentos de suma importancia para la iglesia e inclusive documentos prohibidos que acabarían con la iglesia si se mostrasen al público. Pero hacer caso a este tipo de hipótesis es caer sobre mera suposición, pues los documentos de esos años son escasos y no podemos afirmar con certeza si los caballeros templarios eran poseedores de un secreto ancestral o no, ni si quiera podemos asegurar con frialdad las actividades a las que se dedicaba la orden en esas fechas además de proteger los caminos.

De lo que si podemos hablar claramente, y sin ninguna duda, es sobre la institucionalización legal de la orden, para lo cual hacia 1127 el Maestre Hugo de Payns regreso a Europa. Su viaje iba dirigido en especial a Roma, pues tras haber obtenido la aprobación del Rey de Jerusalén para formar su orden solo necesitaba un fundamento político – religioso para legitimar sus acciones. A través de su corta y misteriosa historia los Caballeros Templarios se caracterizaron por tener influencias en el ámbito político, esto se puede observar desde sus inicios, pues para que consiguieran la aprobación del papa su amigo, Balduino II escribió una carta al entonces Abad, Bernardo de Claraval para que los favoreciese.

Si bien la idea de formar la orden y los ideales por los cuales luchaban los templarios se le atribuyen a Hugo de Payns, la institucionalización, y creación en la vía legal de la orden se debe a San Bernardo de Claraval, pues su audacia y precisión para responder a favor de la orden en el Concilio de Troyes fueron determinantes para su aprobación.

En esa época San Bernardo tenía veinticinco años, pero a pesar de su juventud era muy influyente dentro del aparato eclesiástico, había fundado una infinidad de monasterios, fue uno de los iniciadores de la Orden Monacal del Císter en Francia, escribía a reyes, a papas, era una personalidad arrolladora en el ámbito espiritual y redactaba tratados sobre teología. La petición de Balduino II fue bien recibida por San Bernardo, pues Hugo de Payns y Andrés de Montbard eran sus parientes y la idea de sacralización de la milicia le pareció buena.

De esta manera gestionó a favor de la orden, y tras varias platicas con Honorio II logro reunir a un gran número de obispos, arzobispos, abades y escolásticos en el Extraordinario Concilio de Troyes presidido por el cardenal Mateo de Albano. Tras varias semanas de cuestionamientos, dudas y deliberaciones el Concilio aprobó con entusiasmo la creación de la orden, como una manera de institucionalizar la cruzada y es San Bernardo quien se encarga de redactar una regla original en base a los ideales templarios.

De esta manera Hugo de Payns tenía todo lo requerido para iniciar con su empresa, ya tenía el permiso local otorgado por Balduino II, instalaciones significativas religiosamente hablando, fundamento en el cristianismo, el permiso mundial otorgado por el papa y eso no es todo, pues toda la nobleza europea estaba obligada a apoyarlo económicamente por decreto papal. Tal vez la idea del primer Maestre no era tan revolucionada, o tal vez sí, pero es un hecho que sus ideales se maximizaron en toda la Europa cristiana, la orden sestaba en las miradas de todos los católicos y todos querían formar parte de ella.

Hacía 1129, tras un recorrido por todo el continente, Hugo de Payns regreso a Jerusalén acompañado de aproximadamente de 300 caballeros y un gran número de escuderos y aprendices, lo cual anunciaba un repunte. En el año de 1130 San Bernardo termina de escribir su De laude novae militiae, el reglamento templario, en el cual se encarga de razonar como un ser cristiano puede ser un monje y un guerrero a la vez. Esto era lo único que hacía falta para poder regirse como una orden independiente, pues al poseer un propio código interno y autónomo la orden tenía una propia identidad. Todo esto causo una gran polémica en Europa, pues en la época las armas y los votos monacales eran concebidos en realidades muy distintas.

La fusión de los dos entes, los cuales eran el prototipo de ciudadano en esa época, fue una estrategia bien pensada por los fundadores, pues así ganaron la simpatía de la iglesia, de su rey y del pueblo que protegían; el monje por un lado representaba lo divino, lo generoso, la misericordia, por otro el soldado representaba la fuerza, la seguridad, lo cual se suponía que representaba la figura de un rey, pero dentro del discurso para legitimar su reinado el monarca decía ser elegido por dios, cosa que los templarios cambiaron por el discurso de “nosotros elegimos el camino de dios, y quien lo elija que se nos una.”[5]

Dentro los próximos años, la orden creció y se desarrollo prósperamente, y a pesar de la rigurosidad de su código, el cual incluía vestir con las ropas más sencillas, comer carne solo tres veces a la semana, no relacionarse de ninguna manera con ninguna mujer y tener estricta obediencia hacía sus superiores, encontramos que aproximadamente hacia la década del 1170 los monjes templarios ya tenían en su poder numerosas propiedades en toda Tierra Santa, y no solo en sus alrededores sino también en Europa, eran banqueros, prestamistas e inmensamente numerosos. Esta etapa de la orden es la que muchas usan como fundamento para echar a volar la imaginación, y aunque es válido puesto que el poder de los templarios era tan inmenso como para suponer que conservaban en su poder algo valiosísimo, también puede explicarse de una manera mucho más realista.

El crecimiento de su ejército puede explicarse por dos conductos diferentes, uno es por la simpatía que la orden despertó en las masas populares, pues los templarios eran como un sinónimo de policía cristiana, se les podía pedir ayuda en caso de un ataque, desde un peregrino solitario hasta un enorme reino podían solicitar la ayuda de los templarios. Además el hecho de ser monjes guerreros creaba en la mente de las personas de la época la imagen de un ser ideal, que no hace distinción entre clases, que solo sirve a dios y no al hombre. Todo esto tenía fundamento real en la obediencia al código y la vestimenta que utilizaban. El segundo conducto por el cual se puede explicar el crecimiento de la milicia templaria, es la fuerte demanda que tuvo la orden desde sus principios, ya que el ser templario se convirtió en una especie de moda y todo querían entrar a la orden a como diera lugar. Esto dio como resultado la integración de varios nobles y ejércitos enteros de nobles a la orden del temple, en algunos casos ladrones y condenados por cualquier delito llegaban a la orden, la cual les abría las puertas y los convertía en hombres de bien.

Todo esto influyó de manera directa en la economía, pues al crecer en número la orden necesitó más instalaciones. El integrar a nobles a la orden, aunado al favoritismo del papa y el decreto de que toda la nobleza cristiana europea tiene que apoyarlos, ocasionó que sin parecer unos monjes avaros, los caballeros templarios obtuvieran una inmensa riqueza superior a la de muchos reinos de la época, mencionando la evolución que esto tuvo y que desencadenó su trágico final, podemos hacer mención de las innumerables leyendas que protagonizan estos monjes guerreros, pues hasta la fecha las mayorías siguen vivas y siguen alimentando a estos místicos sujetos.

Los templarios sin pedir nada a cambio por su trabajo, pronto comenzaron a recibir testamentos de los beneficiarios, algunos ajenos a la orden y otros que eran de los nobles que pertenecían a ella, su fortuna se acrecentaba con el acumulamiento que traía consigo la entrada de nobles a la orden y con los réditos que obtenían de sus encomiendas, pero también en ciertas prebendas que les concedieron los papas.

Así como un ejemplo, la bula otorgada por Inocencio II hacia el año 1139, garantizaba una exención eclesiástica por la que los templarios solo tenían que responder ante el papa y los liberaba de los diezmos. Inclusive hubo cientos de dispensas para los templarios, en algunas les confirieron autoridad y beneficios más inusuales, como la facultad de construir sus propias iglesias, enterrar a sus muertos en sus terrenos e incluso recaudar impuestos en sus propiedades sin dar más cuenta por ello. En tiempos del historiador citado, Guillermo de Tiro, la orden se extendía por Alemania, España, Portugal y su nación originaria Francia. Si bien decía Guillermo de Tiro, “no hay provincia en el mundo cristiano que no les done parte de sus bienes. Su riqueza es comparable a los tesoros de los reyes”.[6]

Poco a poco y gracias a la enorme caridad ajena que recibían, los templarios fueron creciendo como orden en todos los aspectos, y apenas un siglo después la orden era una potencia económica, militar y religiosa la cual contaba con un ejército de aproximadamente cincuenta mil caballeros y unas once mil granjas y encomiendas, un número enorme de escuderos y artesanos propios a su servicio, millares de fortalezas, abadías, castillos y fuertes enclavados en las ciudades más importantes de toda la Europa cristiana, una flota propia de aproximadamente 500 barcos, puertos comerciales y militares privados y la que es considerada dentro por muchos historiadores de ese periodo la primera banca internacional, basada en el uso de una autorización escrita que garantizaba al autorizado percibir la cantidad especificada en cualquier castillo templario.


Como guerreros eran unas fieras, en la época eran temidos por musulmanes así como por católicos, y aunque se consagraron como excelentes soldados en Tierra Santa, lo curioso es que su primera incursión militar pudo no tener lugar en Jerusalén, sino en la península ibérica, pues dentro de la colección de actas oficiales de la orden denominada El Cartulaire général de Lo’dre du Temple, fechada entre 1119 y 1150, muestra que en marzo del año 1128 Teresa de Portugal, hija legítima del rey de León Alfonso VI, entrego a los caballeros templarios el castillo de Soure, construcción que se localiza cerca de Coimbra en la frontera con los musulmanes.

A pesar de que lo más probable sea que su primer incursión no se desarrollo en Tierra Santa, su leyenda y su verdad se escriben haya, pues fue en combate donde se ganaron la admiración y respeto de los cruzados y su estancia en Jerusalén fue lo que les obsequio el aura mística que los acompañara siempre.

No había ejército mejor que el templario, eran los primeros en intervenir, los últimos en retirarse, y no daban cuartel ni esperaban recibirlo. Un templario debía aceptar luchar en nombre de Cristo en toda circunstancia, aunque se encontrase en una gran inferioridad, tampoco podía pagar rescate, la manera de recuperar a los prisioneros era por medio de la espada, y por lógica no podía esperar que alguien pagara rescate por el sí caía prisionero. El obispo de Acre que se dedico a explicar la situación de Tierra Santa en el siglo XIII, Jacques de Virty, describió a los templarios como “leones en la guerra y corderos en el hogar; rudos caballeros en el campo de batalla, monjes piadosos en la capilla; temibles para los enemigos de Cristo, pura suavidad para con sus amigos”.[7]

Los Estatutos que se encargaban de regir a la orden, y en especial, en estos sentidos eran muy rigurosos pero también muy claros, los miembros no podían negarse puesto que al entrar a la orden tenían conocimiento de las reglas y leyes que la regia, señalan “ni un céntimo, ni una pulgada de tierra”. En ellos también se encuentra estipulado que es lo que se tiene que hacer en caso de sr derrotado, de manera muy explícita lo señala, estos dicen que “ningún caballero de resguardarse mientras la enseña esté erguida” y se añade, “y si viese que no queda ningún recurso, deberá unirse a la primera bandera del Hospital o a cualquiera otra cristiana o, en su defecto, ponerse a las ordenes de cualquier noble o príncipe cristiano que esté presente en la batalla”. De los veintitrés maestres que tuvo la orden durante toda su historia, trece murieron con su espada en la mano.

Su primera intervención en ultramar pudo haberse desarrollado hacia el año 1129, en el sitio de Damas, en Siria. A raíz de estas primeras experiencias en combate la orden fue reclutando una amplia gama de soldados, en pocos años después de su primer experiencia militar eran capaces de movilizar 400 caballeros y una tropa de tres mil quinientos soldados compuesta por hermanos sargentos y otros hombres de armas, como los turcoples y arqueros a caballo que constituían la caballería ligera del ejército templario.

En campaña, el ejercito templario hacía gala de una excelente eficacia y organización. El maestre era quien tenía el mayor rango, pero no por eso tenía menos obligaciones, todos los hermanos eran iguales. Tras él se situaban el senescal y el mariscal (el superior militar de la orden), los comendadores de los reinos de Jerusalén, Trípoli y Antioquia, el pañero (el encargado de las vestimentas), el turcoplier (que comandaba a los sargentos y soldados turcoples), el submariscal (el responsable de las monturas), y el gonfalero, que comandaba a los escuderos y portaba la enseña del temple. Por debajo de ellos se encontraba la propia guardia personal del maestre, los caballeros que eran de menor rango, los hermanos sargentos, escuderos, capellanes, etc.…

Dentro de las reglas y estatutos por las cuales se regía la orden, se describe con lujo de detalle desde cómo debían comportarse durante la marcha hasta la disciplina a seguir en combate. Toda actitud individual está prohibida, todos son un solo cuerpo y deben actuar al mismo tiempo, también está prohibido adelantarse a las órdenes.

El centro del ejército en formación era el baussant o gonfalón, el cual sostenía la enorme bandera de la orden, esta era mitad negra y mitad blanca con la característica cruz roja templaria. La enseña siempre acompañaba al mariscal, nunca se separaba de él, quien designaba hasta 15 caballeros como su guardia personal. La bandera tenía una gran importancia dentro de la formación templaria, pues representaba al mariscal quien tenía además el mayor cargo militar, en batalla las órdenes eran dadas por el mariscal y la bandera servía además como indicador del punto del cual procedían las órdenes. Por esta situación se cargaba con un segundo gonfalón plegado por si en batalla el mariscal llegara a caer.

A pesar de ser grandes soldados y valientes caballeros, muy organizados y unos experimentados estrategas en la guerra, los templarios pertenecieron a un punto de la historia donde el fanatismo religioso predominaba y las multitudes concentraban en ello sus propósitos de vida; esto fue lo que ocasionó la desviada guerra por los lugares santos y lo que les cobró a estos caballeros una alta factura.

Si se necesitara un adjetivo para calificar a estos monjes de la guerra utilizaríamos el término que la mayoría de los autores especializados en la época utilizan al referirse a los templarios, irreflexivamente temerarios. En varios documentos y actas de la época se describen además de las grandes hazañas realizadas por el temple, los grandes fracasos de la orden.

Como ejemplo de este fanatismo señalado, tenemos la batalla de Ascalón en 1153, donde murieron 40 caballeros. Durante esta batalla el ejército cristiano logro abrir una estrecha brecha entre las defensas musulmanas, los templarios se introdujeron por la brecha e impidieron que sus aliados cristianos los siguieran para ayudarlos. Una vez dentro de la ciudad, fueron inmovilizados por la estrechez de las calles, sin ningún conocimiento de la estructura peatonal no pudieron huir, fueron emboscados, abatidos, incluyendo al maestre y al mariscal, y sus cuerpos fueron colgados en las murallas de la ciudad. Pese a todo lo sucedido, y el gran fracaso con tintes suicidas de los caballeros templarios, al final del día los cruzados cristianos pudieron tomar la plaza de la ciudad sin ningún problema.

Otro caso similar se dio en el año de 1267, en un pequeño pueblo localizado en el medio oriente llamado Sfad, donde los 800 miembros de la orden que se encontraban en la guarnición de la fortaleza templaria, rodeados y sin recursos, prefirieron morir antes que rendirse.

Su fe para con Cristo y Dios, su obediencia hacia las reglas y estatutos de la orden y su entrega eran tan grandes y fuertes que inclusive una de sus más importantes plazas, el Castillo Peregrino, resultó ser inexpugnable. Nunca pudo ser tomado por sus enemigos, hasta su evacuación en el año de 1291. Después de todo la situación que se vivió en Tierra Santa, los enormes fracasos de las siguientes cruzadas y la caída de de San Juan de Acre y Jerusalén, la orden se trasladó a Chipre. La toma de la pequeñísima isla de Ruad frente a Tortosa fue su última acción en ultramar, pero los caballeros solo pudieron retenerla tres años y el temple, desanimado, sin metas y desprovisto de su propósito original entro en decadencia.

Mientras todo esto sucedía, el poderío económico de la orden crecía, la fuerza militar decaía de una manera estrepitosa y la economía de la orden se hacía cada vez más solida. La fortuna del temple, era sin lugar a dudas la fortuna más grande de todo el continente europeo; su grandeza llegaba a tal grado, que el rey de Francia era su deudor, y de tal magnitud era su influencia que Alfonso I El Batallador, monarca de Aragón, llegó a confiar su reino a la orden en su testamento, el cual nunca estuvo en poder de la orden puesto que esta desapareció mucho antes de que el rey de Aragón muriera.

En esta parte de la historia es donde la condena de los templarios toma forma, primero que nada tenemos que realizar un breve estudio a la persona de Felipe El Hermoso y de ahí desglosar el porqué de sus intenciones contra la orden, que era lo que buscaba dentro de esta organización, y cuál fue el propósito real por el cual Felipe El Hermoso decidió actuar en contra de quienes dieron la vida por Cristo.

A principios del siglo XIV el soberano francés que tanto citamos, Felipe El Hermoso, agobiado por las enormes y cuantiosas deudas que le ocasionaban las desastrosas, improvisadas y mal dirigidas campañas contra Flandes, encontró en la recaudación de impuestos la manera de revivir su fortuna. Su pretensión inicial se enfocó a imponer una especie de tributo a la iglesia, la cual choco con la negativa respuesta del papa Bonifacio VIII, el rey desesperado sin opción alguna recurre a la fuerza y por medio de Guillermo de Nogaret, quien después tuviera el puesto en Francia de Canciller, somete al papa Bonifacio VIII y lo hace su prisionero.

Con esta acción realizada Felipe tiene el camino libre, pues la muerte de Bonifacio VIII le permitió nombrar a papas franceses, como el sucesor Benedicto XI y Clemente V. EN 1303 Benedicto XI es declarado como papa y muere en 1305, aquí es donde Clemente V llega al máximo puesto y el papado desarrolla una especie de alianza con la corona francesa. Una vez aprobándose la regla tributaria de Felipe El Hermoso para las instituciones eclesiásticas en Francia, su desenfrenada ambición se dirige a quienes en práctica, y hablando de una manera literal, tenían en su poder la fortuna del reino francés, la orden del temple.

La ambición de Felipe era demasiado grande, y no solo se centraba en el poder económico, sino también en el poder político, pues la pugna que había sostenido con el papado de Bonifacio VIII no solo tenía su origen y final en los impuestos no aprobados, sino también en la negatividad de este ante las reglas del rey. Nos dice Calderón Ortega, “Felipe siempre fue una persona autoritaria, prepotente y nunca le pareció que alguien se opusiera a sus ideas”[8]. De esta forma es como justo después de hacer a un lado a la iglesia, de someterla a sus órdenes, su ambición no es del todo saciada, necesitaba algo más, necesitaba oponerse a algo más grande, y esa figura la encontró en la orden del temple. No se regían por las leyes oficiales del reino, solo respondían al llamado del papa, no luchaban por una patria, y sobre todo, eran muy poderosos.

Pero para poder llevar a cabo sus propósitos Felipe necesitaba también una coartada, debía pensar detenidamente en alguna trampa en la que los caballeros pudieran caer, todo tenía que ser legal puesto que un ataque descarado hacia la orden le costaría una enemistad con toda Europa, pues a pesar de que los templarios habían perdido y se habían desviado de su propósito original, la Europa cristiana todavía no olvida la entrega y las hazañas realizadas por los templarios en Tierra Santa. Felipe debía preparar una argucia que diera a la operación una apariencia de legalidad.

Fue entonces cuando salió a flote la sagacidad que lo había llevado hasta el trono, recurrió a algo inusual, pero no para la época, sino inusual para alguien que había sido participe de un movimiento tan importante para la cristiandad como las cruzadas. Nadie hubiese pensado en culpar a la orden del temple de una cosa tan simple pero tan increíble a la vez, si la gente de la época y en especial francesa, hubiese sido parte de una encuesta donde preguntaran sobre la inocencia de la orden, la mayoría hubiese contestado a favor del temple. Felipe lo estudio, consiguió testigos, abono el ambiente y atacó.

Desde su creación hasta la fecha, la orden siempre se mantuvo detrás de un velo místico y esotérico. No es nuevo el hacho de toparnos en plena era globalizada, a alguien que crea en las fantasías y mitos que envuelven a los templarios; los cuales radican desde la búsqueda o portación de una reliquia ancestral hasta el secreto del linaje de Jesús y María Magdalena. Proyectémonos a los tiempos de Felipe el Hermoso, si estos mitos y leyendas sobreviven hasta la actualidad, no hubiese sido difícil imaginarnos en esa época que los miembros de la orden adoraban en secreto a Satán, o que dentro de sus ceremonias y ritos se desarrollaban actos de herejía y paganismo.

El hecho es que la imagen de monjes guerreros y la entrega que ellos plasmaban hacia la cristiandad que dentro de las cruzadas les había dado prestigio y fama, se veía atacada cuando se vieron desprovistos de su propósito original. Tras tener cerca de doscientos años de vida, la orden atravesaba su momento más crítico. Durante el periodo de las cruzadas y la guerra santa ofender inclusive de palabra, no ayudar o no ofrecerle un triste alimento a un caballero templario era sinónimo de pecado y era severamente castigado; cerca del 1300 atacarlos verbalmente y ni siquiera saludarlos era común.

Este tipo de transformación del pensamiento ciudadano de la época tiene que ver con el hecho de que las cruzadas habían llegado a su fin, los musulmanes tenían en su poder la ciudad de Jerusalén y por ende, las ordenes religiosas ya no tenían una razón para existir. Tanto Hospitalarios como Teutónicos, Montesanos y Templarios eran víctimas de sospechas y habladurías, nadie confiaba en ellos y se temía por parte de la realeza europea que dichas ordenes se sublevaran contra la monarquía en una especie de revolución eclesiástica.

La misma iglesia ya no los veía como su brazo armado, o como el ejército del Vaticano, ellos también empezaron a ver a las ordenes como enemigos latentes. Dentro de toda esta atmósfera de avaricia y poder, los más afectados resultaron ser los templarios, puesto que las demás ordenes no eran tan grandes e número, ni tan poderosas económicamente, lo que les ayudo para pasar desapercibidas ante la perversión de los demás. Esto radica en que las demás ordenes al ser desprovistas de su propósito original, buscaron otro, o simplemente se dedicaron a vivir como soldados en sus abadías, monasterios y castillos.

Los Teutónicos se dedicaron a proteger su territorio de alguna próxima invasión y prestaban sus servicios al noble encargado de la jurisdicción respectiva. Los Montesanos vivían solamente en España y se dedicaba a la protección del reino. Los Hospitalarios se dedicaron a desempeñar el trabajo que les había valido su mote, puesto que el nombre real de esta orden era La Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, se dedicaron a atender los enfermos en sus hospitales, a fundar mas de ellos y a ayudar a las personas humildes y errantes. Mientras que los Templarios, al ser los más poderosos en milicia, territorio y economía, decidieron dedicarse a la administración de sus bienes.

Esto fue un cambio radical en cuanto la formación monacal del temple, pues en un periodo de veinte años sus propósitos militares pasan a ser empresariales, de ser soldados se convierten en magnates, corredores de bolsa y prestamistas banqueros. Parece que con el paso del tiempo los ideales de Hugo de Payns se volvieron cenizas, y surgieron unos nuevos conforme a la época.

Si se hace una comparación entre los últimos miembros de la orden, y los primeros nueve que la iniciaron, encontramos un abismo gigantesco. Los nueve fundadores eran demasiado humildes, no tenían ni siquiera una buena armadura y hacían votos de pobreza; los últimos templarios lucían hábitos estrafalarios y elegantes, inclusive manejaban casi toda la fortuna del continente europeo y eran inmensamente ricos. Dentro de este ámbito podemos señalar lo que parece ser el detonante que cambio la simpatía de la gente por los templarios, por un profundo asco, temor y fuerte odio.

Mientras que las demás ordenes vivieron sirviendo a la iglesia y la nobleza europea, como monjes guerreros y humildes siervos de Dios, los caballeros templarios se corrompieron y se volvieron amantes de lo mundano. Los caballeros templarios ya no eran vistos como soldados, ni como monjes, ni si quiera como cruzados, eran simplemente unos banqueros. El arquetipo de ciudadano que una vez fueron, al fusionar las imágenes del monje y del soldado cristiano, había perdido su fuerza moral al verse inmiscuidos en cuestiones monetarias. Nos lo dice Josep Guijarro en su obra, “el temple se preocupaba ahora más por su tesoro que por los peregrinos”[9]

Con el ambiente que se vivía en la época era fácil de imaginar alguna acción similar de parte de cualquier otro miembro de la nobleza cristiana para con los templarios, la cuestión es que ninguno tenía un panorama tan fácil para llevar a cabo una envestida de tal magnitud en contra del temple. En primer plano porque a pesar de la transformación de los ideales y estatutos que regían a la orden del temple, estos seguían siendo monjes extremadamente religiosos, seguían formando parte del clero y aunque el papado les hubiese perdido cierta simpatía, no podía negarles la ayuda, interceder por ellos en cualquier problema político o abolir las bulas en su favor ya establecidas.

Podemos situar los primeros cambios dentro de la orden a casi cien años de su fundación, pues para la primera década del 1200 el papa Inocencio III emitió una bula denominada la bula de De Insolentia Templariorum, en la cual se dirige al Maestre del temple pidiéndole más apego a los estatutos originales, y en la memoria de Hugo de Payns le pide que toda la orden demuestre más humildad. Esto no manchaba públicamente la imagen de la orden, puesto que el hecho de que los ciudadanos los odiaran no quiere decir que dentro de su no amplio criterio y conocimiento de la religión, los tacharan de sodomitas, herejes e idólatras.

La cuestión es que Felipe el Hermoso tenía los medios para acusarlos, pues el papa Clemente V era francés y había sido designado por el, tenía una razón para acabar con la orden pues la fortuna de todo su reino era literalmente manejada por los templarios y sobre todo, lo más importante, tenía las intenciones de disolver al temple. Los delitos por los cuales los acuso eran demasiados, pero el medio por el cual se valió para que el juicio y la acusación misma tuvieran fe y legalidad, fue el más inesperado. La calumnia.

Como ya se mencionó anteriormente, el territorio estaba abonado para que se diera algo parecido. El secretismo en el cual se envolvía la orden, sus ceremonias de iniciación, sus ritos que proclamaban un origen ancestral y su gusto por los placeres mundanos habían debilitado la imagen monacal de la orden, sin mencionar la inmensa fortuna que habían adquirido mediante testamentos, donaciones, reclutamiento de nobles y bulas papales, todo estaba puesto en una bandeja de plata; pero el único que lo aprovecho fue Felipe el Hermoso, aunado todo esto a su fuerte sentimiento de autoritarismo y avaricia, no tardo en buscar, obtener, entrenar y comprar testigos para avivar y hacer creíble semejante calumnia.

Felipe convocó al Maestre de la orden en ese entonces, Jacques de Molay, a la capital del reino París, con la excusa de discutir, analizar y meditar la posibilidad de iniciar una nueva cruzada. Jacques de Molay como todo buen cristiano y, rigiéndose bajo los estatutos originales de la orden de acudir al llamado de un hermano de fe y poner su poder tanto económico como militar a disposición de cualquier noble europeo acudió sin sospecha ni duda. Decidió explotar semejante oportunidad y se puso a trabajar con sus testigos.

Dentro de la historia del temple, desde su fundación hasta su disolución, no se puede ignorar la participación de personajes alegóricos, algunos influyentes otros idealistas, pero si tenemos que designar cual fue el más importante de todos creo que muchos nos inclinaríamos por Hugo de Payns por ser el iniciador de una historia plagada de aventuras fantásticas, de gran entrega, de sacrificio, de mitos y de leyendas. O tal vez por el Abad San Bernardo de Claraval, por haber simpatizado con la orden, por haber abogado en su favor y convencer al papa Honorio II de que diera luz verde a su creación como institución eclesiástica, o por haberles dado simplemente una guía de vida y una regla por la cual debían de regirse. Pero parece que realmente quien decidió el rumbo de la orden no fue ni Hugo de Payns, ni el Abad San Bernardo de Claraval, sino Felipe el Hermoso, el cual no hubiese logrado su cometido sin su testigo no menos importante, Esquiú de Froylan.

Esquiú de Froylan no era nada más que un ex convicto de la cárcel de Agen en Francia, el cual no dudo en vender al monarca los falsos testimonios de un caballero templario renegado que conoció supuestamente en dicha prisión, el cual supuestamente se mostraba ante el arrepentido por todas las cosas que había hecho dentro de la orden. Dentro de los testimonios de este supuesto caballero del temple se encontraban actos atroces como desmembrar niños, escupir sobre los crucifijos y todas clases de cruces, adorar a un ídolo en forma de cabeza, la cual tenía una barba rala y muy larga y simbolizaba la figura de Satán, tener sexo con muchísimas mujeres a la vez, herejía pura y sodomía.

Era todo lo que Felipe necesitaba para llevar a cabo su perverso plan, Froylan con el consentimiento de Nogaret, presento una denuncia de herejía contra los templarios a la Santa Inquisición. Guillermo de Nogaret era un allegado de Felipe, como ya antes se había mencionado fue unos de los cómplices de Felipe en el secuestro del papa Bonifacio VIII y después se convirtió en su canciller. Nogaret entró en la corte de Felipe el Hermoso hacia el año 1296, desde ahí dirigió la política del rey contra el papa y los templarios. Dirigió la cruzada denominada Albigense en contra de los caballeros Cátaros y fue excomulgado por Benedicto XI por haber sido participe de las agresiones a su antecesor Bonifacio VIII. Fue uno de los inquisidores más crueles y temidos de la época pero siempre fiel hacia la corona francesa.

Con Nogaret en la corte real y el Santo Oficio, todo se facilitó para Felipe y Froylan. Tras haber presentado su denuncia Froylan fue protegido por las autoridades del rey, el papa Clemente V solicitó una audiencia con el acusador pero este nunca se presentó alegando deberes con la realeza. Clemente V tomo una actitud neutral frente a todo esto, no podía oponerse a Felipe puesto que él lo había designado como papa, y era de esperarse que este esperara su apoyo indiscutible, pero tampoco podía quedar como el verdugo del temple. Sumándole a todo esta confusión, Clemente V tampoco tenía las acusaciones muy claras y decidió mantenerse al margen de las operaciones. En una carta fechada en 1307, el papa se dirige al rey de Francia, Felipe el Hermoso plasmando su profunda confusión al respecto del caso.

El Santo Ocio de la Inquisición, como era común que hiciera en estos casos, solicitó a las autoridades civiles el arresto de los inculpados sin hacer una investigación previa, sin ninguna averiguación exigió la detención de todos los miembros de la orden existentes en el continente. Como era de esperarse, el método empleado para procesar a los templarios tuvo éxito y fue en apariencia legal, porque aunado a todo lo que se viene planteando en el presente ensayo, el gran inquisidor de Francia, Guillermo de París, era también el confesor del rey Felipe desde 1305.

Llegó el día tan esperado para Felipe y su corte, el 14 de septiembre de 1307, Nogaret envió un mensaje a todos sus senescales ordenando la detención de todos los hermanos de la orden y la confiscación de sus posesiones. Un mes después, el 13 de octubre tuvo lugar la operación contra los caballeros templarios, a la misma hora en las aproximadamente tres mil casas de la orden del temple en Francia. Los caballeros templarios no presentaron ninguna oposición comportándose de manera gentil, e inclusive, dispuestos a cooperar en las investigaciones correspondientes.

Mientras todo esto ocurría Clemente V, el papa en turno, se mantuvo al margen dejando la operación en manos de la Inquisición francesa y las autoridades civiles. Para cuando quiso protestar e interceder por los templarios, los funcionarios del rey ya habían comenzado a torturar a los acusados, estos habían sido sometidos a un sin número de aparatos de tortura y admitido muchas culpas debido a las crueles practicas de los verdugos, los cuales eran comandados por Nogaret y Guillermo de París. En un proceso plagado de contradicciones, calumnias y sinsentidos, muchos caballeros, incluyendo al Maestre de la orden Jacques de Molay, confesaron exactamente lo que el rey pretendía que confesaran, desde renegar de la cruz y escupir las imágenes santas, hasta practicar satanismo y sodomía.

Aquí es preciso abrir un paréntesis dentro de la historia templaria. Gracias a los eficaces aparatos de tortura inventados por la Inquisición, los templarios confesaron cosas fantásticas e inimaginables que son el origen de la tradición esotérica y popular que los acompaña hasta la fecha. Los mitos alrededor de la orden son muchos, pero la mayoría tuvieron su origen aquí, en este tiempo de la historia y en el espacio de los calabozos del rey Felipe.
Primero abordaremos el mito del Baphomet. Mientras las confesiones surgían una tras otra en las diferentes cámaras de tortura, un templario al borde de la muerte debido las heridas causadas por los aparatos, confesó tener dentro de sus iglesias u ídolo en forma de cabeza, con un par de cuernos y una barba muy rala, semejante a la de un cordero, la cual se convertía en ocasiones en una mujer muy bella para darles placer sexual y que cuando algún ministro entraba a sus iglesias se convertía en un felino para poder escapar. El hecho que en primera instancia se relacionó a este ídolo con la figura de Satán, pero actualmente muchos de los estudiosos bíblicos relacionan a este ídolo con la cabeza de Jesús después de la crucifixión, o inclusive con la cabeza del decapitado San Juan Bautista.

Dentro de todo esto, también encontramos en una de las confesiones la increíble historia de un templario que afirmaba haber cruzado el continente y haber encontrado una ciudad repleta de oro, con una flora y fauna exótica y minas de oro inacabables. Los estudios relacionados con este mito señalan que los templarios tras su regreso de una campaña militar se habían topado con unos marineros vikingos, los cuales les habían otorgado el famoso mapa del conquistador de Groenlandia Piri Reys, el cual les indicaba la ruta para esquivar los monstruos del Atlántico y llegar a otro continente. Lo que le da fuerza a esta tesis es que la fortuna templaria era tan grande que las minas de toda Europa eran incapaces de producir tanto oro, y el hecho de Cristóbal Colón decidiera usar como estandarte la insignia templaria.

Otra de las confesiones arrojadas, nos lleva a la obtención de alguna reliquia como El Arca de la Alianza, el tan buscado y codiciado Santo Grial o algún documento de suma importancia para la iglesia. Lo cierto es que no solo los templarios, sino todas las ordenes de la edad media se dedicaron a la búsqueda de reliquias sagradas en Tierra Santa, para motivación personal o en ocasiones por que creían que estas los dotarían de un inmenso poder con el que podrían derrotar a los infieles musulmanes. Lo que le da mucha fuerza a esta tesis es el crecimiento tan rápido que tuvo la orden, tanto político como económico, los privilegios otorgados por el papa y la inesperada traición de la nobleza y el clero, así como la creación de las logias masónicas que tuvieron lugar tras la disolución de la orden, el hecho de que dichas sociedades secretas hayan adoptado rituales templarios, que se manejen dentro del mismo ambiente de secretismo, que sean también influyentes en la política, y los enormes recursos económicos, y sumando a todo esto que la fortuna de la orden en su totalidad jamás fue encontrada.

Pero como se mencionó al principio de este ensayo, el creer ciegamente en ese tipo de hipótesis es caer en los terrenos de la mera suposición, afirmar que el maestre ya sabía lo que les esperaba y que designo a un grupo pequeños de fieles caballeros para que escondieran la fortuna, o la llevaran hacía América son meras afirmaciones hipotéticas, sino es que hasta míticas. Nos lo dice Ávila Granados en su libro sobre mitología templaria, “no olvidemos que esta es una obra sobre mitología, si fuese sobre historia estaríamos narrando como sucedieron las cosas, y no porque”.[10]

Cerrando el paréntesis y retomando la faceta seria de la historia del temple, Clemente V no quiso ser mas cómplice de toda esta revuelta, criticó a Felipe y la manera de llevar a cabo el juicio, inclusive suspendió los poderes de la Inquisición en Francia, pero pese a todo esto Felipe no se detuvo, envió cartas, entre otros, al rey Jaime de Aragón y Eduardo II de Inglaterra exhortándolos a que lo imitaran para dar castigo a los herejes y ejemplificar mediante la acción. La respuesta de Jaime fue simple y sin rodeos, anuncio que el solo tomaría esas medidas si la iglesia y el papa se lo pedían, mientras que Eduardo con una actitud más serena y formal, le envió una carta donde afirmaba que los cargos y toda la operación en conjunto le parecían un absurdo fruto de la codicia de Felipe.

En medio de la indecisión del papa y el monarca francés, el segundo logró que setenta y dos confirmaran las confesiones sacadas con torturas. El juicio se prolongó más de lo debido y para 1310, cincuenta y cuatro caballeros de otras ordenes que habían solicitado hablar en defensa del temple y negado las acusaciones de la orden, fueron quemados en la hoguera por órdenes reales, con la acusación de Felipe de haber caído en la herejía que fomentaban los templarios, ser cómplices de estos y haber abjurado nunca blasfemar. El nombre original de la acusación es relapso herético contra la iglesia de Dios.

En estas circunstancias, otros caballeros del temple optaron por confesar sus delitos, por lo que fueron perdonados en 1312. En medio de todo esto, es conveniente citar la declaración de un templario para generarnos una idea de la brutalidad con que eran aplicadas las torturas, pese a señalar que todo lo imputado era falso, aseguro que por miedo estaba dispuesto a jurar que todo eso era cierto y que “mataría al mismísimo Dios si los inquisidores me lo piden”.[11]

En el año de 1311, Clemente V convocó a un concilio en Vienne, cerca de la ciudad de Lyon, para discutir abiertamente y abordar la inocencia o culpabilidad de la orden. Dentro del concilio se encontraban nueve templarios que se encargarían de defender la postura y la imagen de la orden. De nada sirvió que intentaran defenderla, tras discusiones acaloradas con el papa dentro del mismo concilio. Clemente V ordenó que los encarcelaran y se les juzgara igual que a los otros. Para el 22 de marzo de 1312, el papa decretó mediante la bula denominada Vox in excelso la disolución de la orden de los caballeros templarios, aunque no su condenación.

Esto no le molestaba ni le impedía en lo mas mínimo a Felipe seguir con su cometido, el juicio se alargaba cada vez más y una se veía por donde encontrarle fin. Nogaret retrasaba lo más que se podía el veredicto para que las torturas siguieran, esto con la intención de que ninguno se escapara a la confesión, y por ende a la condena de muerte. Felipe había ya casi finalizado su jugada maestra, su plan había salido casi a la perfección, no obtuvo el apoyo del papa, pero con la Inquisición de su parte no necesitaba más, lo único que faltaba era adueñarse de la fortuna de la orden, para lo cual necesitaba un decreto papal, Guillermo de París se encargo de presionar a Clemente, y Felipe consolido su éxito.

El 2 de mayo de 1312, por medio de la disposición Ad providam, ordenó el traspaso de los bienes de la orden del temple a La Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta (Los Hospitalarios), con la excepción de los bienes que se encontraban en la península ibérica, especificando los reinos Castilla, Mallorca, Aragón y Portugal. La excepción se dio porque en estos lugares de la península las posesiones pasarían a las pequeñas órdenes de Montesa y de Cristo, respectivamente, en señal de apoyo y como un incentivo a las órdenes religiosas de monjes guerreros que no se corrompieron ni siguieron el camino mundano, incorrecto y hereje de los templarios.

Los caballeros templarios que no fueron declarados culpables se les permitió unirse a otras órdenes, pero la mayoría no prosperaron puesto que los estatutos no eran los mismos, además de que se desarrollo un conflicto de identidad con los de mayor antigüedad en la orden del temple, y la mayoría de los que buscaron unirse a otras órdenes terminaron en prisión por no respetar las reglas de dicha institución o se dedicaron a vagar sin un propósito por el mundo, algunos trataron de fundar otras órdenes aunque fracasaron, otros salieron del continente y solo algunos se resignaron y vivieron el resto de sus vidas como siervos o soldados comunes y corrientes.

Al parecer el plan Felipe estaba consumado, pero lo que no esperaba era que la bula papal donara los bienes territoriales y monetarios del temple a otras órdenes y no a la corona francesa, para lo cual invirtió los papeles bancarios, alegó que la orden era su deudora y retuvo una gran parte de la fortuna, aproximadamente unas tres cuartas partes en territorios y oro, y la orden del hospital no recibió lo que legalmente y por decreto le correspondía. Aun así Felipe no se quedo contento, pues el afirmaba que la orden poseía más oro, decía haber sido testigo de las montañas de oro que guardaban en sus bodegas y afirmó que con ayuda de Satán habían escondido el oro del papa, cosa que jamás se confirmó.


Por su parte el papa Clemente V se había dado el lujo de reservarse el proceso del maestre Jacques de Molay y de sus principales dignatarios. Tras un juicio rápido comparándolo con el anterior, y mucho más justo, todos fueron condenados a cadena perpetua el 18 de marzo 1314 por los cardenales que el mismo papa había delega precisamente para ese juicio. Pero en un repentino arranque de dignidad de parte Jacques de Molay y su preceptor de Normandía, Godofredo de Charnay, se declararon inocentes frente a todo el tribunal, afirmando que si eran culpables de algo, era de haber cometido el delito de faltar a la verdad por miedo a la tortura.

De esta manera fue como el último maestre se suicido en pos de lo que una vez quiso promover Hugo de Payns mediante la creación de la orden, pelear por causas justas. Acusados por el tribunal de relapsos, ese mismo día fueron quemados vivos por orden de Felipe el Hermoso en la isla de Cité, en París. De nuevo nos encontramos con un hecho relacionado con lo sobrenatural y la superstición, pues dice la tradición, Jacques de Molay después de pronunciar su discurso de inocencia, dijo en la hoguera frente a todo el tribunal del Santo Oficio, la Corte Real de Felipe y el público presente, que los responsables de aquella injusticia se presentarían ante Dios en el lapso de un año.

Lo curioso de todo esto es que mito o realidad veraz, todos los involucrados en la destrucción del temple murieron en el lapso de un año, desde Felipe el Hermoso hasta Clemente V, situación que da para imaginar y fantasear sobre la maldición de de Molay, pero esa situación también forma parte de las leyendas templarias que tanto resuenen en los medios y en las bocas de los estudiosos sobre el tema.

Así es como llega a su fin la historia de una de las órdenes religiosas más grandes, poderosas y famosas de la historia, la cual deja un legado y una maraña de secretos escondidos que nunca descifraremos, pues la falta de documentos y el secretismo manejado por la orden no nos permite indagar más sobre el tema. Sin embargo si podemos resaltar datos curiosos como el que principal juez de la Inquisición en el proceso de los templarios, Guillermo de Nogaret, estaba bajo excomunión legal desde que se inició el proceso hasta que terminó, siendo así su opinión invalida; o el hallazgo de un pergamino donde el papa Clemente V perdona a la orden, pero atrapado por el rey Felipe y temeroso de que el escándalo perjudicara a la iglesia, nunca hizo público el documento que los absolvía.


Haciendo una breve revisión a la vida de esta orden de monjes guerreros, se puede concluir que tras el término de la guerra santa, el modelo de ciudadano implementado por los templarios se volvió obsoleto, y al buscar una nueva identidad dentro de la sociedad eligieron la equivocada, puesto que no era acorde con su papel en la estructura del Medievo. Esto en conjunto con los sentimientos de odio y codicia de otros sujetos fue los que desencadenó toda una serie de problemas que culminó con la muerte del último maestre y de la orden.

Pero no podemos negar que su legado seguirá existiendo, mientras existan personas que crean en los mitos y leyendas templarias, que las difundan, y que las estudien, los templarios seguirán siendo objeto de la curiosidad de la gente, no por nada es la orden medieval más famosa y conocida en la actualidad, sus carácter místico y estérico llama la atención de la gente, y mientras no descubramos el verdadero misterio del temple, seguirá atrayéndonos.

Hugo de Payns estaría orgulloso de el ultimo maestre y su preceptor, pues murieron defendiendo los ideales de la orden, por los que el lucho y murió también, aunque habían perdido el camino, al final lo retomaron. “Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa”. Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros.[12]
[1] Urbano II, “Concilio de Clermont”, 1115, 1778, 1994
[2] Urbano II, “Concilio de Clermont”, 1115,1778, 1994
[3]Vargas Laurent, “El Libro Negro de los Templarios”,2006
[4] De Tiro Guillermo, “Historia rerum in partibus transmarinis gestarum”, 1170, 1947
[5] Seward Desmond, “Los Monjes de la Guerra: La Historia de las Ordenes Militares”, 2004
[6] De Tiro Guillermo, “Historia rerum in partibus transmarinis gestarum”, 1170, 1947
[7] De Virty Jacques, “Historia Orientalis seu Hierosolimitana” 1220 – 1297, 1992
[8] Calderón Ortega José Manuel, Felipe el Hermoso, 2001
[9] Triado Guijarro Josep, El Tesoro Oculto de los Templarios”, 2001
[10] Ávila Granados Jesús, “La Mitología Templaria: Los Conceptos Esotéricos de La Orden del Temple”, 2003.
[11] Plane, J, M, “Apología de los Templarios. Juicio y Expoliación”, 1993
[12] Mateo, 5,11-12, 1976

Por Benjamín Mendoza M.